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Net Xperience: Nima Rezai. Biografía y crítica de “Songs of strange delight”

Publicado en Crítica, Nuevos Valores con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , el 10/02/2012 por Guitar Xperience

 

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    La sección Net Xperience de hoy os trae a un stickista de nombre Nima Rezai, que está al frente de un proyecto realmente interesante. Hay ciertos músicos o formaciones a las que cuesta ubicar en esta sección ya que eso de nuevos valores no se les puede aplicar dada su trayectoria y calidad; pero como sus discos no tienen distribución en nuestro país y es un desconocido por estas latitudes, lo ubicamos en esta sección de nuestros descubrimientos hechos a través de internet.

    Nima Rezai tuvo como maestro a uno de los más destacados maestros del stick, Bob Culbertson -al que conoció en la adolescencia-, quien le hizo fascinarse por él. Bob comenzó con el bajo, pero una serie de problemas físicos le hicieron cambiarse al stick. Nima también intentó seguir el mismo camino pero se sentía mucho más cómodo con el instrumento inventado por Emmet Chapman.

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Cualquiera diria que Bob Culberstson tenía problemas para tocar el bajo viendo esto…

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     Aunque lo más curioso es que afirma que realmente no le gusta el sonido del instrumento, pero sí sus posibilidades tímbricas. Dejemos a Nima con sus propias palabras: “Este instrumento como cualquier otro instrumento tiene sus pros y sus contras. Yo en realidad no era un fan de su sonido, por lo que esa es una de una de las cosas en que realmente he empleado mucho tiempo. He estado tratando de encontrar un mejor sonido y al mismo tiempo no imitar a un bajista. Quería hacer que sonase como un instrumento original. Vi a mi maestro hacer eso también. Vi que él no estaba tratando de tocar el bajo por un lado y la melodía por el otro. Y siempre lo vi interactuar de tal manera, casi como si fuera un arpista. Eso es lo que me fascinó. Pero es un músico solista -la mayoría de stickistas lo son-, y a mi siempre me gustó la interacción entre los miembros de un grupo. Esa es una de las razones por las que compré un stick. He tenido suerte de encontrar un enfoque diferente al habitual en este instrumento y que encaje con todo el grupo.”

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    Lo cierto es que tiene razón en una cosa, y es que hay pocos intérpretes del chapman stick que estén integrados en una banda, aunque sean el instrumento líder. Y aún añadiría algo más. Dichos intérpretes gozan de una virtud que a la vez es un problema: son gente muy inquieta que se aleja musicalmente de la comercialidad. Es por ello que lo habitual es encontrarlos siempre dentro de contextos de rock progresivo, música ambient o new age. Esto es una virtud, en efecto, ya que suele ser música muy rica en matices. Toda una delicia para los sentidos y los oídos más exigentes. Sin embargo es una música que aleja a oyentes a los que un poco de superficialidad y comercialidad no les molesta (lo cual no implica menor creatividad) y que buscan algo no tan árido o complejo de escuchar. Por tanto, y aunque adoremos la música progresiva o de fusión por su complejidad armónica, también es agradable encontrarse de tanto en tanto a stickistas como Greg Howard (jazz con una pizca de fusión), Irene Orleansky (world music), Kevin Keith (funky & soul) o Nick Beggs (descarado y divertido pop ochentero).

    Y Nima Rezai se incluye dentro de este grupo. Tiene un enorme nivel técnico pero aún más de composición y todos sus temas están orientados a un tipo de jazz muy rico en matices, con elementos de fusión, latinos, rockeros o de world music, etc., en los que no tiene reparos en otorgar el protagonismo a otros compañeros. Pero un rasgo importante de diferenciación estriba en que sus bandas son directamente “ensembles” o pequeñas orquestas con un número de músicos mayor de lo habitual. Rezai, que vive en el sur de California, tiene cuatro álbums -uno de ellos en directo- bajo el nombre de Nima & Merge. De hecho, el nombre artístico de su grupo era en principio Merge, pero tras un tour por Alemania descubrió que ya existía otro llamado así, por lo que añadió su nombre al anterior. Sin embargo, dado la gran variedad de músicos que aparecen en su último trabajo y su enfoque musical, el nombre ha cambiado al de Nima Collective.

    Hace unos meses, el propio stickista, ante mi interés, tuvo la deferencia de irme contando en que estado se hallaba el CD, desde la finalización de la grabación hasta su distribución en sitios como CD Baby pasando por el proceso de mastering. Finalmente llegó a mis manos y, demasiado tiempo después nos disponemos a analizarlo (aunque en mi descargo debo decir que ya apareció en el último programa de la pasada temporada).

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  • Artista:  Nima Collective
  • Sello:     Music Unifier Records
  • Año:       2.011
  • Estilo:    Jazz, jazz fusión, rock progresivo, new age y world music
  • Contacto: Web oficial de la banda, perfiles en Twitter y Google +, grupo en FaceBook y canal en YouTube.
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CALIFICACIÓN TÉCNICA
  • Nivel de técnica: 8/10
  • Velocidad: 7/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 8/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: 0/-10
  • Nivel resto de músicos: 9/10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 10/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 6,5/10
  • PUNTUACIÓN: 8,4/10

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CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 10/10
  • Nivel de feeling: 10/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 10/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 7,5/10
  • PUNTUACIÓN: 9,4/10
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PUNTUACIÓN TOTAL: 8,9/10

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    El CD consta de diez temas. Tres han sido compuestos en su totalidad por nuestro protagonista. Cuatro lo han sido en colabroación con algunos de sus músicos invitados (como el gran stickista Bob Culbertson). Por último, los tres restantes tienen como célebres autores a John Lennon y Paul McCartney, Sting y Jimi Hendrix. El propio Nima lo ha producido, grabado y mezclado uunto a Toby Rosen, y del mastering analógico se ha encargado Shawn Hathfield en los Audible Oddities Studios.

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1.- Division.  Comenzamos con un tema compuesto por Nima Rezai y el violinista Jesús Florido. Empieza con didgeridoo y unas percusiones para dar paso al stick de 12 cuerdas de Rezai. Aunque el stick está presente sin duda que el violín es el instrumento principal, bien secundado por los vientos. Sin embargo, lo que en apariencia parece un tema jazzístico varia en su tramo final en una suerte de ritmo pseudo electrónico interesantísimo, con Chistopher García (batería) y Rezai en estado de gracia y el violín dando el contrapunto. Impresionante comienzo de disco.

2.- Norwegian wood. Christopher García abre el tema tanto con la batería. Al haber menos instrumentación destaca más el stick pero de nuevo es Florido quien lleva la voz cantante. El tema original de The Beatles que ya tenía ese aire oriental en parte por la inclusión del sitar, aquí se ha llevado un paso más allá, y aparte de world music, debido al aire relajante del tema debería pasar a los anales de la música new age. Rezai toca además un bonito y complejo solo de santur.

3.- Three steps. Canción compuesta junto al saxofonista y flautista Dan Heflin. La batería de García aparece junto al stick a quien se le une un rato después unas percusiones electrónicas tocadas también por Nima Rezai. La melodía principal está tocada simultáneamente por la flauta travesera y el saxo, lo cual crea un sonido muy interesante. Dado el aire tranquilo de la canción el stick tiene mucho espacio para respirar, aunque es flauta y saxo (con solo incluido) quien lleva el peso de la canción. Destaquemos el inesperado solo de guitarra de Adam Darling. Con un sonido distorsionado y una gran reverb, no me acaba de decidir si ha sido tocado con una guitarra fretless o con una normal y bottleneck/slide.

4.- Fragile. Primera de las versiones que aparecen en el disco, en este caso de Sting.  El koto de Randin Graves inicia la canción y pese al sonido tan oriental, enseguida reconocemos la melodía compuesta por el astro inglés. En cuanto entra el resto del grupo resulta impresionante como Nima ejecuta la célebre melodía, tocando con delay inteligentemente ajustado. De nuevo Jesús Florido al violín lleva gran peso del tema, con melodías y pequeños solos que tienen cierta influencia del jazz manouche de Stephane Grappelli (al menos el sonido es muy parecido). Christopher García por su parte, además de percusión con tabla, toca la batería a un nivel de los grandes baterías progresivos. El problema de la canción es su escasa duración -menos de cuatro minutos- y que sabe a poco.

5.- Float.  Alumno y maestro han compuesto este tema junto al saxofonista Dan Heflin. Se nota la influencia de Bob Culbertson puesto que la intro de stick de Nima Rezai suena más al sonido clásico de toda la vida del stick. Jesús Florido y Nima tocan al unísono, o más bien juegan entre ellos, en una suerte de improvisación relajante y tranquila; aunque animados por la batería de García, poco a poco vamos in crescendo. Florido toca un solo de violín con mucho pizzicato en una onda muy guitarrera. Tenemos también la guitarra clásica de Adam Darling, pero aparece en un discreto segundo plano aportando realmente poco.

6.- Persia.  Nos enfrentamos ahora al tema más experimental del disco. Aparecen instrumentos exóticos como el santour (Rezai), el daf o el udu (intérpretado por Houman Pourmehdi) y el taar (ídem por Milad Derakhshani), con otros más clásicos como el violín, el saxo o la batería a cargo de los músicos anteriormente citados. Se incorpora también el chelo de Michael Álvarez. El tema oscila entre la world music de tintes orientales y medievales, rock progresivo oscuro y new age. Una canción curiosa a la que es difícil descubrir la melodía principal debido a las múltiples capas sonoras y los diferentes solos que se van intercalando. Pero y con todo, no deja de ser impresionante.

7.- Memory on. Nima Rezai compone en solitario esta canción. Escuchamos por primera vez en el disco el AcouStick, o sea, un stick con caja de resonancia. Si habéis visto el video de Bob Culbertson ya sabéis de lo que hablamos. Harry Scorzo se encarga esta vez del violin y Delton Davis de diferentes elementos percusivos con los que improvisa sobre la jazzística base de Christopher García. Aunque también sea el violín quien lleva la melodía, es imposible no fijarse en el stick, muy rítmico y jazzístico también.

8.- In time. Un stick con delay y una reverb amplia da paso a la batería electrónica de Nima y al xilófono de Delton Davis. Tenemos un segundo stick realizando la melodía principal y un tercero realizando un colchón de sonidos sintetizados, y aunque también aparezcan los saxos de Dan Heflin, esta vez es Nima quien se muestra como principal músico del disco. Toda la canción tiene un curioso aire oscuro y muy cinematográfico, como a película de espias. 

9.- Little wing / Machine gun. Hendrix aparece homenajeado en esta particular versión. Rezai, Florido, García y Davis realizan una espectacular y fiel versión. Aunque el violín en principio pudiera recordarnos a la adaptación realizada en su día por The Corrs, no llegan al nivel de sonidos célticos de los irlandeses (aunque de sonoridad celta hay un rato). Por primera vez escuchamos el chapman stick con sonido de distorsión en un solo muy rockero. Aunque sea una balada, el fuego de Hendrix afecta a todos los músicos, puesto que la canción va in crescendo en fuerza, agresividad, intensidad y velocidad.

10.- Take me down. Y para acabar el disco qué mejor manera de hacerlo con un tema techno pop, muy ambiental, y que rompa con la tónica general. Adam Darling, quien tocó la guitarra clásica varios temas atrás se encarga ahora de la batería electrónica (muy minimalista, eso sí). Jesús Florido se atreve a tocar el violín con un ligero toque de whammy y armonizador, y Nima con su stick pasado por el delay aporta un ritmo muy interesante, además de tocar un solo con sonido a sintetizador ochentero muy Depeche Mode. Por la mitad del tema, el guitarrista Randin Graves se incorpora para doblar a Florido y el piano de Kevin Goode (aunque en segundo plano) también acompaña la línea de bajo del stick. Una muy interesante composicón que sive tanto para bailar como para relajarse por contradictorio que esto pueda parecer.

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    Independiemente de los gustos personales de cada uno, el disco es un trabajo tremendo a nivel de composión y armonía. Se puede decir que todos los músicos son unos virtuosos en su campo, pero en ningún momento no hay ni un solo ni nada fuera de lugar. Todo gira entorno a la canción y nadie está por encima de nadie. Aunque todo parece muy trabajado y estudiado, a la vez fluye con una naturalidad pasmosa. Desconozco si existe el concepto de improvisación con guión previo, pero en algunos momentos así lo parece. El sonido, la mezcla y la producción son magistrales, así como la colocación de los diferentes instrumentos en el panorama stereo (recomiendo la escucha con auriculares), y son muy superiores a los de muchas bandas famosas que manejan presupuestos estratosféricos para sus álbums. Sin embargo, pese a que la base es jazzística, la incorporación de muchos elementos dispares y todo el aire relajante que respira el álbum da lugar a un álbum que puede gustar a un abanico muy amplio de oyentes.

    Nima Rezai además ha creado un álbum en el cual el chapman stick no es un instrumento solista (salvo en momentos puntuales) y que está integrado a la perfección en un grupo sin que su sonido diferente al resto de instrumentos (al menos a oídos profanos en la materia) les haga fijarse demasiado en él y perder la concentración en el resto de instrumentistas o melodías. En este sentido la integración es perfecta, tanto la suya como la del resto de compañeros.

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    “Songs of strange delight” de Nima Collective es un trabajo en el cual por momentos consigue hacerte olvidar si está sonando tal o cual instrumento, o que estes escuchando jazz, flamenco o nu metal. Mediante unos elevados niveles de creatividad, feeling y accesibilidad a cualquier oyente, consigue llevarte al verdadero espíritu de la música. Consigue llevarte a un punto en el que ya no te planteas si lo que oyes te gusta o no, simplemente estás admirando la belleza de un arte en estado puro.

   Con toda probabilidad, “Songs of strange delight” sea lo más parecido a la perfección que hayamos esuchado en años.

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Net Xperience: Thomas Tomsen. Biografía y crítica de “Sunflickers”

Publicado en Nuevos Valores con etiquetas , , , , , , , , , , el 27/01/2012 por Guitar Xperience

(Recuperamos despues de mucho tiempo la versión escrita del segmento Net Xperience del programa; la sección que más orgullo nos proporciona realizar pero que debido al continuo aluvión de novedades “mainstream”, el recudido staff de colaboradores y el escaso tiempo disponible, tenemos abandonada. Para compensar, vais a ver que en las próximas semanas se alternaran las críticas de discos de los viernes con esta sección. En el caso de que el artista tenga más de un disco editado, la entrada de la semana se dividirá en dos y aparecerá en lunes y viernes (ya sabéis que el miércoles es sagrado para el podcast).

Siendo un programa de género, si Malmsteen, Vai o Miller editan un disco nuevo hay que hablar de ello, pero a menudo resulta más reconfortante y sorprendente la música que aparece en este apartado de nuevos valores. Buceamos por Internet y las redes sociales para encontrar a todos esos jóvenes (o no tan jóvenes) valores que intentar abrirse un hueco en el complejo mundo de la música. Esta sección del programa tiene su propio canal en Youtube, el canal de Net Xperience (picando aquí), y cuando algunos de estos músicos aparece en el programa, lo hace a continuación en el podcast y en dicho canal. Pero ahora aparecerá también en la web, con su biografía y análisis de sus trabajos. Si estos fueran un CD al uso (y no temas sueltos), además tendrán su correspondiente crítica bajo los mismos parámetros del resto de críticas.)

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    Comenzamos esta segunda edición escrita de Net Xperience con Thomas Tomsen, un guitarrista alemán que ya desde muy pequeño sintió una fuerte atracción por la música. Comenzó estudiando piano, batería y arpa, pero al escuchar con 13 años por primera vez a Kiss supo que la guitarra eléctrica era lo suyo. En el 91 formó su primera banda llamada ACARI, con la que grabaría un álbum dos años después. Hasta la fecha, ha grabado cinco álbums en solitario y ha tocado con bandas como Frankenfish, Galetzka Tomsen o GBT. Además trabaja regularmente como profesor de guitarra y músico de sesión para importantes artistas alemanes.

    Thomas Tomsen posee una amplia lista de influencias entre las que se pueden citar a Led Zep, Van Halen, AC/DC  o Deep Purple, y a guitarristas como Gary Moore, Jimi Hendrix, Tony Iommi o Joe Satriani. Y todas estas influencias pueden notarse en este disco que rezuma sabor añejo por los cuatro costados (o más bien, por el canto del CD). Un interesante músico y guitarrista que más que un nuevo valor o una nueva promesa hay que considerarlo como toda una realidad en el mundo del shred Made in Europe.

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    Vamos a analizar su nuevo trabajo.

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  • Artista:  Thomas Tomsen
  • Sello:     Rock Werk records
  • Año:       2.011
  • Estilo:    Hard rock, heavy metal, heavy metal neoclásico
  • Contacto: Email thomas.tomsen@gmx.com, perfiles en MySpace y FaceBook y canal en YouTube

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CALIFICACIÓN TÉCNICA

  • Nivel de técnica: 7/10
  • Velocidad: 7,5/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 7/10
  • Nivel general resto de músicos: 7/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: 0/-10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 6/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 3,5/10
  • PUNTUACIÓN: 6,8/10

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CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 6,5/10
  • Nivel de feeling: 8/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 9/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 9/10
  • PUNTUACIÓN: 8,1/10

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PUNTUACIÓN TOTAL: 7,4/10

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    “Sunflickers” consta de diez canciones enteramente instrumentales, a diferencia de álbums anteriores como “Stahl & Eisen” del 99, que contaba con temas vocales. Si bien a primera vista deberiamos catalogarlo dentro del estilo instrumental “shred”, es cierto que tres de las diez composiciones son de heavy metal neoclásico y el resto oscila entre el hard rock, el A.O.R. y el metal de corte muy americano. Lo que sí tienen en común todas ellas (para bien o para mal) es su espíritu ochentero.

    Thomans Tomsen ha conseguido un disco instrumental que no aburre, que es sencillo en su composición (no hay múltiples y complejas capas de instrumentos como pasa con muchos músicos del género) y que se escucha del tirón. La pena es que algunos elementos otorgan una valoración negativa al proyecto, pero de esto ya hablaremos al final en las conclusiones.

    Lo que sí es muy positivo es que pese a ser un músico veterano pero relativamente desconocido haya contado con unos colaboradores de excepción, algunos de ellos incluso legendarios. A saber:

  • Bob Daisley (bajista de Ozzy Osbourne, Black Sabbath, Rainbow, Gary Moore, Jorge Salán, etc.)
  • Derek Sherinian (teclista y ex Dream Theater, Yngwie Malmsteen, etc. Fundador de Planet X y actualmente en Black Country Communion)
  • Doug Pinnick (cantante y bajista de King’s X)
  • Tony Franklin (leyenda del bajo fretless y ex Whitesnake, Quiet Riot, Jimmy Page, David Gilmour, etc.)
  • Stuart Hamm (uno de los grandes bajistas y shredders del bajo eléctrico y ex Joe Satriani, Steve Vai, Michael Schenker, etc.)
  • Michael Troy (ex Yngwie Malmsteen)
  • Big Fat Bernd Galetzka (bajista y colaborador en otros proyectos de Tomsen como GBT)

    Completan la nómina de invitados una chica, Melanie Bormann, quien es la única que repite junto Thomas en todos los temas y se encarga de llevar el peso rítmico del disco con su batería.

    Sobre la inclusión de estos cracks en el disco, Tomsen comentó ha comentado a Guitar Xperience que quería a estos músicos ya que tenía una idea muy clara de como tenían que sonar esos temas y era necesario que estuvieran presentes en ellos, y además de que son algunos de sus músicos favoritos. También afirma que al recibir todos ellos las demos dieron su consentimiento a participar en el proyecto enseguida. Cada uno de los invitados ha grabado en sus propios estudios, pero no se descarta la posibilidad de tocar con ellos en un futuro en directo.

    Vayamos a hora al análisis de cada canción.

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1.- Godfather’s walk. Comenzamos con un tema neoclásico. Aunque podemos apreciar los clichés del género y una gran influencia de Vinnie Moore, el tono del tema es tranquilo, desde la melodía principal hasta los adornos con palm mutting que van apareciendo. Al bajo tenemos a Doug Pinnick perfectamente conjuntado con la guitarra rítmica. Hay que destacar también el duelo de solos entre Derek Sherinian (con un agradable sonido progresivo) y Thomas en la parte final.

2.- Sunflickers. Pasamos a una intro con un sonido netamente americano. Puro A.O.R. y hard rock fiestero con el que es imposible no moverse. Bob Daisley imprime más personalidad que Pinnick, haciendo que sus líneas de bajo destaquen. Si nos ponemos a citar las influencias que aparecen en este tema no acabariamos, pero lo mejor es decir que Thomas Tomsen ha compuesto un tema perfecto para conducir un descapotable por una autopista costera con el volumen a tope.

3.- Swedish toccata. Retomamos el neoclasicismo en esta canción de clara influencia Malmsteen/Bach. No obstante, hay melodías muy interesantes y hasta divertidas; no es una canción hecha para lucirse exclusivamente. A los teclados tenemos a Michael Troy quien hace un solo con Hammond que recuerda mucho a Deep Purple. La batería de Melanie Bormann mantiene todo el rato un potente doble bombo.

4.- Up and up. Tomsen vuelve a la carga con una composición muy americana, muy ochentera y muy hard rockera. Desde Dweezil Zappa a Joe Satriani desfilan por sus dedos, en un tema muy simple y ochentero pero pegadizo. Tony Fraklin realiza un sorprendente solo con bajo fretless.

5.- Fishing birds. Llegamos al ecuador del disco y a la consabida balada. Esta vez ha invitado a Big Fat Bernd Galetzka al bajo y DJ Burned a los teclados. La melodía también es muy simple pero atractiva: recuerda en cierta manera a un Vai tranquilo. Es obligado destacar el perfecto colchón de teclados así como la batería de Bormann, sutil y tranquila pero más compleja de lo que parece a simple vista. Al llegar el momento del solo Tomsen sabe dosificar la cantidad de virtuosismo siempre pensando en la canción.

6.- Crazy cocodrile. Con este loco título nuestro protagonista de hoy nos entrega una especie de boogie rock en la más pura tradición “satrianesca”. Ya desde un primer momento nos damos cuenta del gran nivel de Bormann a la batería. El tema varia de tempo en varias ocasiones, pero todo fluye en un crescendo genial. Los colaboradores invitados son el gran Stuart Hamm al bajo y de nuevo DJ Burned. Hamm contra todo pronóstico no destaca apenas salvo en algunos momentos puntuales como el minuto 4:00; pese a eso la canción acaba siendo una de las mejores por el buen rollo que desprende.

7.- Shadow play. Comienza con dos guitarras que realizan riffs diferentes pero complementarios. El juego de charles de Bormann es muy bueno. El propio Tomsen se encarga de tocar el bajo esta vez y DJ Burned de los teclados. El tema es curioso puesto que tenemos momentos de hard rock junto con otros en los que la batería y los teclados apuntan a un estilo más de música dance. Durante todo el tema Thomas demuestra el gran nivel de púa-contrapúa que tiene.

8.- The dead of night. Más metal años 80 en un tema con demasiada sensación de déjà vu y que tampoco tiene una melodía o un riff interesantes. Sí que es un tema movido pero ya digo que no consigue despertar demasiado la atención del oyente. Ni el bajo de Big Fat Bernd Galetzka ni la pirotecnia de Tomsen (en este tema sí que se suelta la melena con armónicos pinchados y dive-bombs a tope) logran levantar el tema.

9.- Godfather’s walk II. Vuelve el neoclasicismo con la continuación del primer tema y los mismos colaboradores. El problema que tiene es que no es que estemos ante la misma melodía dentro de un contexto algo diferente, no, es que es practicamente el mismo tema con diferencias mínimas: solo dura once segundos menos, el bajo está más presente en la mezcla (hasta diría que con un punto de overdrive) y varian algo los solos. No le veo mucho sentido la verdad, aunque el sonido del bajo me encanta.

10.- Child of shadow play. Última canción del disco y en la cual nos encontramos a sólo dos músicos: Thomas y DJ Burned que tal y como aparece en los créditos se encarga del remix. Y así es: se trata de una curiosa versión del séptimo corte. Se han eliminado bastantes partes de guitarra, se han añadido percusiones y teclados y una línea de batería eléctronica, pero tampoco podemos hablar de música dance o house, o al menos lo que se entiende por música electrónica comercial. Lo que sí es curioso es como DJ Burned ha cogido diversas partes de guitarra, las ha troceado y modificado y las ha mezclado aparentemente sin sentido, pero que sí que tiene sentido una vez le pillas el rollo. Una versión desde luego muy arriesgada.

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    El conjunto del disco me ha dejado con una sensación extraña. Algunos temas tienen un sentido del ritmo excepcional, de esos que te dan ganas de hacer “air guitar” sin parar, hay buenas melodías, destila devoción por el hard rock americano y el metal de los 80, las composiciones son directas y sin el habitual recargamiento de las grabaciones de shred instrumentales, y además Thomas Tomsen no llega a cansar en ningún momento ya que las muestras de virtuosismo técnico están bien dosificadas. Por contra, el álbum tiene algunos problemas, como son lo poco que destacan algunos de los colaboradores (excepto Melanie Bormann, pero más que nada porque toca en todos los temas), la sensación de ya escuchado tanto en los temas neoclásicos como en los más americanos y la producción del disco: a la mezcla le falta brillo y aunque el equilibrio entre instrumentos es correcto, adolece de falta de potencia para el estilo en el que se mueve. También destacaría la maquetación del disco (libreto, portada y contraportada, etc.). No es desastrosa pero es simple hasta decir basta; aunque tal y como me ha explicado el propio autor, se debió a una falta de presupuesto en el último paso del disco (la maquetación), y es que contar con semejantes cracks no debe ser barato.

    En cualquier caso, si una virtud tiene este “Sunflickers” -pese a todo lo negativo expuesto- es que se trata de un álbum instrumental que puede gustar a los fans del hard rock y el metal y que detesten los instrumentales: los momentos shredders están muy bien dosificados y prima ante todo el buen rollo. No hará historia en el mundo del shred pero se escucha con agrado y del tirón, y eso no es algo tan sencillo de conseguir.

    Mientras tanto, esperamos con ganas el nuevo disco que según nos ha comentado, comenzará a grabar en cuanto finalize la gira veraniega de presentación de este trabajo.

Net Xperience: Solo Instrumental (Parte 2). Crítica de “New world order”

Publicado en Crítica, Nuevos Valores con etiquetas , , , , , , , , , , el 02/03/2011 por Guitar Xperience

   

 

    Tal y como hicimos el lunes, proseguimos con la segunda parte del artículo dedicado a Solo Instrumental, banda mexicana liderada por el guitarrista Juan Roberto Sánchez y dedicada a rendir culto al shred. Analizamos hoy el segundo de los discos de esta formación.

 

 

  • Artista:      Solo Instrumental
  • Sello:         Autoproducción
  • Año:           2.006
  • Estilo:        Heavy metal progresivo, Heavy metal neoclásico, Heavy metal, Hard Rock
  • Contacto:  Web  de la banda 

 

CALIFICACIÓN TÉCNICA                    

  • Nivel de técnica: 8/10
  • Velocidad: 8,5/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 6/10 
  • Nivel de coñazo virtuosístico: -3/-10 
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 7/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 6/10
  • PUNTUACIÓN: 7,1/10

           

CALIFICACIÓN MUSICAL                

  • Calidad musical: 7,5/10
  • Nivel de feeling: 7/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 6/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 8/10
  • PUNTUACIÓN: 7,1/10

           

PUNTUACIÓN TOTAL: 7,1/10

  

     En este segundo trabajo se han solventado algunos de los problemas que vimos en el primero. La duración se ha reducido a diez canciones (más un “speech” de marcado carácter político), está mejor producido y mezclado y la carátula mola. Vamos, es un trabajo mucho más elaborado. La formación varió ligeramente respecto al anterior trabajo. Juan Manuel Martínez se encarga ahora del bajo y la batería pasa a ser programada. Dichas baterías suenan realmente potentes, con unos dobles bombos matadores y muy heavys y unas lineas en ocasiones muy complejas (“The regressives”).

    Como contrapartida, seguimos con la errónea elección del sonido de algunos sintetizadores. El tema que da inicio “Infinite love vs. NWO”, es el mejor y más terrorífico ejemplo (que conste que lo que suena está bien tocado). En cambio, hay otros momentos en los que se recurre a ciertos sonidos más emparentados con la música electrónica y que sorprendentemente quedan muy bien (“The regressives”).   

    Notamos una cierta evolución en términos de dureza. El álbum es realmente metalero y agresivo. Y salvo las baladas, no hay las concesiones al hard rock o a la new age del anterior. Estamos hablando de puro shred, que oscila entre el neoclásico (“Ópera prima”) al progresivo (“Operación jaque“), con un JRS que para bien o para mal pone la velocidad punta mucho más que antes. En este sentido, hay menos variedad guitarrística, pero más demostración de técnica. El nuevo bajista, Juan Manuel Martínez, aporta unas líneas más creativas que en anterior trabajo, y esto siempre es bueno.

    No obstante, si en su predecesor critiqué el estilo general, aquí debo hacer lo mismo. Sí, existe un sonido Solo Instrumental o Juan Roberto Sánchez. Esto es positivo, MUY positivo, que nadie me malinterprete. Y es tan difícil como meritorio conseguirlo. Pero por desgracia, la sensación de déjà vu de todo el disco con el anterior es constante, pese a las mejoras. No diré que el disco sea aburrido, ni mucho menos, pero no hay mucho que destaque. En “El centro del centro” ocurría por la cantidad de canciones, aquí sucede por la fuerte unidad estilística del álbum. Esto puede ser debido a que algunos temas fueron compuestos muchos años atrás, y quizás a JRS le ha podido la prudencia para no innovar demasiado en las nuevas composiciones. 

    De todos modos, escuchando con atención podemos sacar ciertos momentos destacables, no vamos a ser tan crueles. El guiño ultraheavy al tema principal de Kight Rider / El coche fantástico en “The regressives” con una mezcla de sintes electrónicos y orientales es genial, la extremadamente sucia distorsión en “Kamikase” sorprende, y la delicadeza de la balada “Lo único que existe” pone los pelos de punta.

 

 

 

    Siempre he pensado que un disco es un todo. Como ver una película. Tiene un guión, un desarrollo y un desenlace. Si esto no ocurre nos encontramos con una colección de canciones sueltas. Y esa es la sensación que me han dado tanto “El centro del centro” como “New world order”. Por separado hay canciones espectaculares, DE LO MEJOR que he oído en metal instrumental en mucho tiempo, especialmente las baladas. Pero no funciona en conjunto. Esto podría entenderlo en el primer disco, en que el autor plasma todas las influencias acumuladas desde niño de golpe, pero no debiera haber pasado en un segundo disco.

    De todas maneras, confío en que pese a haber parecido duro en las dos entregas, no me hagáis mucho caso y descarguéis sendos álbums a través de www.soloinstrumental.com. Hay mucho para disfrutar, y esperamos con ansias la tercera entrega de las aventuras de JRS y Solo Instrumental.

 

    

Net Xperience: Solo Instrumental (Parte 1). Biografía y crítica de “El centro del centro”

Publicado en Crítica, Nuevos Valores con etiquetas , , , , , , , , , el 28/02/2011 por Guitar Xperience

 Proseguimos con estrenos en la web. Inauguramos por fin la versión escrita del segmento Net Xperience del programa. La sección que más orgullo nos proporciona realizar. Siendo un programa de género, si Malmsteen, Vai o Miller editan un disco nuevo hay que hablar de ello, pero a menudo resulta más reconfortante y sorprendente la música que aparece en este apartado de nuevos valores. Buceamos por Internet y las redes sociales para encontrar a todos esos jóvenes (o no tan jóvenes) valores que intentar abrirse un hueco en el complejo mundo de la música. Esta sección del programa tiene su propio canal en Youtube, el canal de Net Xperience (picando aquí), y cuando algunos de estos músicos aparece en el programa, lo hace a continuación en el podcast y en dicho canal. Pero ahora aparecerá también en la web, con su biografía y análisis de sus trabajos. Si estos fueran un CD al uso (y no temas sueltos), además tendrán su correspondiente crítica bajo los mismos parámetros del resto de críticas.

  

 

   Comenzamos esta primera edición escrita de Net Xperience con Solo Instrumental, una banda de Aguascalientes (México) cuyo nombre ya es toda una declaración de intenciones y que nos indica bien claro que ofrecen. Pero además, según la biografía de su web, “es un grupo de rock instrumental que no se vende, elige tocar la música que le gusta, sin fines de lucro, lo que realmente les motive sin importarles lo que este de moda ó lo que más venda (la cumbia), por eso de ahí su sonido honesto, con el único fin de ser una música que llegue bien a los oídos, por eso su rebeldía a tocar porquerías, música sin valor, con el único fin de hacer más grande el bolsillo de los productores, un grupo que toca para ellos mismos música que les llena el alma y alimente su espíritu.”

    Tras este comentario, y el hecho de tener unos sólidos valores éticos y la gran posibilidad de no llenarse el bolsillo nunca, se encuentra Juan Roberto Sánchez, guitarrista, compositor, productor y hombre orquesta del proyecto. Ya desde pequeño sintió la llama del rock en su interior y parece ser que el ser obsequiado con una copia del “New Jersey” de Bon Jovi le marcó (es que Richie Sambora en aquella época era mucho Richie Sambora). Después de eso vino un periplo por diversas escuelas de música, la obtención de su primera guitarra eléctrica, el ingreso en diferentes bandas y el deseo de expresarse con ella en un contexto de hard rock y heavy metal instrumental.

    Juan Roberto Sánchez (en adelante JRS) contactó en 2.005 con el bajista Alberto Martinez y el batería Arnoldo Romo. En 2.006 Solo Instrumental hizo su primera aparición con su LP de debut titulado “El centro del centro” dentro del festival guitarrero G4. Durante los siguientes cuatro años, el disco fue promocionado en diversos conciertos y medios de todo tipo llegando incluso a ser maqueta del mes en la edición española de la Total Guitar, o sea, la Guitarra Total # 103.

    2.010 supuso el adiós de Martínez y la incorporación de otro Martínez, en este caso Juan Manuel Martínez, y la preparación del segundo disco. “New world order” salió en 2011 y como la primera vez, la descarga es totalmente gratuita desde la web de la banda

    En estos momentos, JRS anda a la búsqueda de nuevos miembros para la tercera aventura de Solo Instrumental.

 

 

    Procedamos pues, a analizar ambos trabajos.

 

 

  • Artista:      Solo Instrumental
  • Sello:         Autoproducción
  • Año:           2.006
  • Estilo:        Heavy metal progresivo, Heavy metal neoclásico, Heavy metal, Hard Rock
  • Contacto:  Web  de la banda 

 

CALIFICACIÓN TÉCNICA                    

  • Nivel de técnica: 7,5/10
  • Velocidad: 7,5/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 7/10 
  • Nivel de coñazo virtuosístico: -4/-10 
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 6/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 2/10
  • PUNTUACIÓN: 6/10

           

CALIFICACIÓN MUSICAL                

  • Calidad musical: 6/10
  • Nivel de feeling: 6/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 3/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 6,5/10
  • PUNTUACIÓN: 5,4/10

           

PUNTUACIÓN TOTAL: 5,7/10

 

    Baja puntuación le hemos dado al disco, salvo en los apartados referentes a la técnica con sus respectivos instrumentos, lo cual es habitual en primeras grabaciones, y más, si pese a haber sido grabado en 2.006, la mayoria de temas habian sido compuestos en 1.998. Sin embargo, hay temas buenísimos dignos de aparecer en cualquier recopilación virtuosa y que dejan en entredicho a algunas de las influencias de JRS. ¿Eso cómo se explica?

    En primer lugar está la portada del disco (más que portada es una “potada”). La idea de confrontar cielo e infierno, luz y oscuridad, ya está muy vista. No quiero decir que no esté bien hecho el dibujo, pero que aparezca por dos veces la URL del grupo es terrorífico. ¡Y qué decir de la colocación del título del disco!

    Pero a nivel musical el disco en cierta manera es contradictorio. Primero estaría su excesiva duración y número de temas, más de 60 minutos y 15 canciones. Siempre he considerado un disco como un todo. Como un libro con diferentes capitulos. Más allá de 10 temas uno pierde esa sensacion de unidad aunque todos sean geniales, entre tanta saturación se acaba por no poder admirar la obra en su conjunto e incluso se tiende a olvidar algunos de esos momentos destacables.

    El disco, además, tiene una formidable unidad estilística: se mueve en una tesitura de hard rock instrumental muy cercano al heavy con elementos neoclásicos y progresivos. Esto sorprende puesto que la mayoria de debuts de virtuosos de la guitarra tienden a intentar demostrar cuan buenos son en todos los géneros, sea metal, jazz o funky, logrando muchas veces un batiburrillo sin sentido. Solo Instrumental, en este caso, logra mantenerse coherente, pero lo que debería de ser una ventaja acaba siendo un hándicap, dado que al tener tantos temas, la sensación de que todo es igual es continua.

    La mezcla tampoco ayuda. Todo el disco tiene un buen tratamiento de las guitarras rítmicas, incluso excelente (como el riff heavy con delay en “Si he sabido”), pero algunas solistas tienen un sonido distorsionado, ¿cómo decirlo? ¿Pobre?  ¿Maquetero? Los teclados siempre aportan un valor añadido, pero la elección de alguno sonidos no es acertada. La canción que abre el álbum, “1.999″ por ejemplo, comienza con una linea de teclado en plan A.O.R. muy agradable, pero a continuación es sustituida por una variación de la misma con lo que en España llamariamos el “sonido Casiotone”, “sonido Casio PT-1″ o “sonido Camela”, que tantos timpanos ha hecho sangrar a más de una generación. A la batería, sin embargo, le falta fuerza. Casi no está panoramizada y en ocasiones parece una caja de ritmos. A ello se suma la rigidez en los esquemas tocados. Ni mucho menos digo que Arnoldo Romo no tenga más nivel de lo que se muestra en el disco, que esto seguro que así será, pero no hay mucho espacio para lucirse, acentuándose la sensación de caja de ritmos.

 

  

    ¿Pero es todo tan desastroso? Para nada. A nivel técnico, JRS es un gran guitarrista, versátil, con suficiente técnica como para poner la velocidad punta y sonar limpio y expresivo (ya sea a legatto, picking o sweeps). Además, sabe como dosificar los recursos para no sonar cansino. Realmente melódico. Sus influencias están bien claras: Satriani y Vai. Pero JRS sabe cuando aplicar los trucos de los maestros y cuando echar el freno para no sonar a un enésimo clon de ellos. No obstante, algún bending desafinado (como en “Libre albedrío”) o notas fuera de tono en algunas escalas rápidas se han colado. Esto no deberia haceros pensar en que tiene poco nivel, porque cuando escuchéis el disco ya veréis la complejidad de muchos temas, pero es bien cierto, que estos errores, que podrían aceptarse en un directo, no deberian aparecer en un disco de estudio. Por su parte, el bajista Alberto Martínez, si bien se dedica a labores rítmicas en exclusiva, demuestra clase y nivel, llegando incluso a tocar bajo fretless en “Érase”. Y el batería Arnoldo Romo, pues ya lo he dicho antes. Buena técnica, excelente doble bombo pero poco lucimiento.

    A nivel composicional tenemos grandes temazos, eso sin dudarlo. Tenemos emotivos riffs, acompañamientos excelentes con sintetizador y solos de guitarra excitantes. Temas como el que abre, “1.999″, la emotiva “Érase”, el contundente y dramático hard rock de “El quinto sol”, el melódico y satrianero “Oye papá”, o el sorprendente final, con dos temas que suenan a uno sólo (“Marne La Valle” y “Difícil soltar”) en una tesitura de new age ambiental, denotan que hay talento de sobras para componer bien.

    Todo el disco está orientado a la melodia de guitarras a las que los ambientes de piano y sintetizador arropan de maravilla, pero habría sido perfecto si nos hubieramos encontrado con algún solo de bajo o unas lineas del mismo más movidas, más a lo Billy Sheehan, y también si las lineas de batería hubieran sido más abiertas, más fusioneras por decirlo de algún modo. Si tuvieramos esto, tres o cuatro temas menos y una mejor mezcla, estariamos sin duda ante uno de los mejores álbums de metal instrumental de los últimos tiempos, a la altura de los grandes. Sin embargo, nos encontramos “sólo” ante un gran debut, lo cual no es poco.

     

 

      ¿Qué nos deparará el siguiente disco de Solo Instrumental? Eso podrás saberlo en un par de días, en la segunda parte de este artículo. De momento, allá van unos videos para que os hagáis una idea. Y ya sabéis, en www.soloinstrumental.com podrás descargar los discos.

 

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