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Crítica: Richie Kotzen “24 Hours”

Publicado en Crítica con etiquetas , , , , , , , , , el 06/04/2012 por Guitar Xperience


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  • Artista:  Richie Kotzen
  • Sello:     Headroom Inc.
  • Año:       2.011
  • Estilo:    Hard rock, rock, blues, soul, fusión, funk 

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CALIFICACIÓN TÉCNICA

  • Nivel de técnica: 8/10
  • Velocidad: 7/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 7/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: -2/-10
  • Nivel resto de músicos: 6/10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 8/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 6/10
  • PUNTUACIÓN: 7,1/10

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CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 7/10
  • Nivel de feeling: 9/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 6/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 7/10
  • PUNTUACIÓN: 7,25/10

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PUNTUACIÓN TOTAL: 7,2/10

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    Es curioso como el ser humano gusta de etiquetarlo todo, y más curioso y desagradable aún es darse cuenta de que en muchas ocasiones es incapaz de modificar dichas etiquetas, aun cuando el etiquetado evolucionó mucho tiempo atrás. Esto viene a cuento porque el común de los mortales metaleros cuando piensa en la figura de Richie Kotzen, siempre lo hace asociándolo al movimiento del shred neoclásico de los 80. En primer lugar, sí que fue uno de los representantes más técnicos de la escuderia Sharpnel, pero poco contacto tuvo con el mundo neoclásico ya que enseguida dio muestras de ser un fusionero de tomo y lomo. También es cierto que sus primeros discos estuvieron muy orientados al virtuosismo, cuya cumbre fue aquella salvaje orgía junto a Greg Howe llamada “Tilt”, pero da rabia que casi con veinticinco discos a sus espaldas y más de veinticinco años de carrera, y que de esa carrera, en las tres cuartas partes se haya dedicado al blues y al hard rock más clásico, se le siga considerando un virtuoso metalero adorador de Satán

    Es muy posible que esa percepción generalizada se base en que las colaboraciones que ha hecho hayan sido en formaciones en las que el virtuosismo está bien visto, como Mr. Big o Poison, o que su forma de solear esté muy basada en arpegios y cromatismos de aroma fusionero y jazzístico, pero lo que es evidente que desde hace muchos años, Kotzen es un cantautor cuyas composiciones destilan amor por el blues, el soul y el rock más auténtico, y cuyo chorro de voz destaca sobremanera. Y… bueno vale, también hay solos potentes.

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   “24 hours” es una nueva muestra de a lo que me vengo a referir. Editado bajo su propio sello, con producción de él mismo, con las interpretaciones de él mismo a todos los instrumentos y la colaboración de su propia hija, de Jerry Cantrell de los Alice In Chains y de Bret Domrose de Dogstar, tenemos diez cortes de poca duración (poco más de cuarenta minutos en total) en la onda que nos esperábamos: rock, hard rock, blues, un punto de psicodelia progresiva, funk y soul y auténtico espíritu setentero. Todo ello mezclado con la particula manera de solear a lo jazz. Una contradicción sonora que sin embargo sólo él sabe darle forma para que quede bien y que en estos momentos está presentando por Europa (España esta vez queda fuera de la lista).

    No obstante, una sorpresa nos depara el álbum: todas las guitarras han sido tocadas a dedos. Ya habiamos visto algunos temas en los que Kotzen no usaba púa, con una técnica de mano derecha similar a la de Mark Knopfler y basando sus solos en arpegios y ligados, pero ahora esa va a ser su nueva forma de tocar de cara a futuras composiciones. Él mismo ha afirmado que ahora puede tocar cosas que antes no podía hacer con púa, y que está consiguiendo sacar un tono y un sonido a sus Telecaster’s que nunca había imaginado conseguir.

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1.- 24 hours. Comenzamos con una escala a ligados a la que acompaña un interesante riff con staccato. Un tema divertido y gamberro y muy setentero. Además juega al scat en algunos momentos. El solo de guitarra… sin palabras.

2.- Help me. Rock con mucho de funky en la que Kotzen canta en un tono más grave de lo habitual, hasta que llega el estribillo y parece que escuchemos al Paul Stanley y los Kiss más comerciales.    

3.- OMG (What’s Your Name?).  Curioso título para una canción en la que desde el primer momento demuestra también el gran nivel que posee como batería y bajista. El estribillo es de lo mejor que he oído en años. Señores, esto es elegancia en estado puro. Rock, funk y soul y encima nos deleita con un solo de teclado en la más pura tradición de la psicodelia setentera.

4.- Get it on. Kotzen se pone más simple -que no sencillo- y nos entrega un blues-rock de libro. Enérgico, potente, con falsetes vocales que quital el hipo, un bajo monolítico y un solo corto pero excelente.

5.- Love is blind. Pseudo balada que reune lo mejor del rock y el rock sureño. Guitarras con slide, bajo melódico y el espíritu de Lynyrd Skynyrd y The Black Crowes (sobretodo en los estribillos) para complementar una auténtica joya. El nuevo estilo de tocar sin púa se nota especialmente en el solo y el fragmento que le precede, con unas dobles notas muy expresivas. Cantrell y Domrose tienen aquí su presencia pequeña, pero notable.

6.- Stop me. August Kotzen apoya a papá con su piano Wurlitzer y los coros, en otro tema rockero, alegre, desenfadado y comercial, con bastante influencia de Bruce Springsteen. El solo es uno de los más complejos y fusioneros del disco y contiene unas lineas a legatto ejecutadas a gran velocidad. 

7.- Bad situation. Comienza tranquila, con órgano Hammond y un bajo con un sonido muy grueso. Kotzen fuerza su voz  en una tesitura muy aguda y se sale con la suya. Funky y soul predominan en una canción en la que la guitarra brilla casi por su ausencia. ¿Quien hablaba de shred?

8.- I don’t know why? Tenemos ahora la primera balada. Un tanto previsible sí, pero el precioso estribillo y el colchón que realiza el Hammond la hacen muy atractiva. Kotzen se sale a las voces.

9.- Tell me that it’s easy. Seguimos con otra balada pero muy diferente a la anterior. El piano da entrada a un solo deudor de sus tiempos más metaleros, la linea vocal es bastante más compleja y la batería está muy elaborada para lo que suelen ser las baladas de rock. Planea la sombra de Prince por algunos momentos, quizás debido al regusto soul que Kotzen imprime. Aunque el solo esté tocado sin púa, tenemos un sonido con más cantidad de distorsión de lo habitual.

10.- Twist of fate. Terminamos con voz y guitarra clásica (con cuerdas de nylon). Una especie de gospel bluesero de racíces muy americanas. Pondría como pega el sonido de esa guitarra, pero a mitad de tema entra el resto de instrumentación y la cosa cambia para bien.

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    “24 hours” no es ninguna revolución. No hay ni un riff ni ningún elemento que no se haya escuchado antes. Dentro de la amplia discografía de Richie Kotzen tampoco destaca demasiado, pero este joven (joven de aspecto y espíritu, a pesar de que ya pasa de los cuarenta) cuenta con una virtud, y es saber mantener el mismo nivel de calidad haga lo que haga. Es decir, no es de lo mejor de su carrera, pero tampoco es de lo peor. Es un disco que se deja escuchar, es agradable y positivo y nos hace pensar en que si se hubiera grabado en los 70 con toda probabilidad, Richie Kotzen ahora sería un mito de la música. Y si en el mundo de la música existiera la justicia y el sentido común, algunas de sus composiciones estarían en los puestos más altos de las listas de éxitos.

    Sólo le pondría una pega al disco, y lo haría con la portada. No es que la foto sea fea, pero la fuente empleada en las letras es cutre a más no poder.

    Lo que sí me resulta muy agradable es tener la certeza (no absoluta pero casi) de que Kotzen nunca me va defraudar en próximos trabajos.

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Xperience Live!: Tony MacAlpine + Agent Cooper + Daniel Piqué (14/03/2.012)

Publicado en Crónica Conciertos con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , el 21/03/2012 por Guitar Xperience

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    Es un placer traeros la crónica de uno de los conciertos de guitarra más importantes de los que podremos disfrutar en este 2.012. Por varios motivos se hacía muy apetecible asistir a la segunda visita a nuestro país del virtuoso guitarrista estadounidense y pionero del shred neoclásico Tony MacAlpine (segunda si no contamos claro con las visitas como guitarrista de apoyo y teclista en las giras de Steve Vai, o en el proyecto junto a Billy Sheehan y Virgil Donati llamado Devil’s Slingshot). En primer lugar por la edición hace pocos meses de su nuevo disco instrumental en estudio -homónimo y cuya crítica puedes leer aquí-, en segundo lugar por la celebración de los 25 años de su primer y magnífico disco “Edge of Insanity”, y en tercer lugar por la incorporación en su banda de músicos de reconocido prestigio: Aquiles Priester a la batería (ex Angra y candidato a ser miembro de Dream Theater), Bjorn Englen (ex Soul Sing e Yngwie Malmsteen) y Nili Brosh, joven destacada de la “generación youtube” y apadrinada por Andy Timmons.

    Teníamos algunas dudas respecto a la sala ya que Razzmatazz 3 no parece ser la mejor sala para un concierto de este nivel y efectivamente así fue: la extraña distribución de uno de los monitores lejos del escenario y del espacio donde se ubica al público sumado a la modesta acústica de la sala hicieron desmerecer unos quilates el resultado del show, aunque por otro lado la asistencia (buena para este local pero insuficiente para otros) tampoco permitió aspirar a una sala más grande y de mejor reputación sonora.

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    El concierto empezó con Daniel Piqué, un guitarrista brasileño que ataviado con una camiseta de la selección de fútbol de Brasil y uno pantalones muy poco glamurosos -todo hay que decirlo- tocó solo 3 temas, los dos primeros con su guitarra Gibson Les Paul a pelo y el tercero con una backing track de acompañamiento. Todo sea dicho, no es el que el muchacho toque a pelo, es que la backing track sencillamente no se oía. Tocaba conectado a un amplificador Orange y él mismo decidía que canciones tocar manipulando algún software en su portátil Mac. Para colmo, si realmente se escuchaban dichas bases, no se podía apreciar debido al tremendo volumen con que tocaba su Gibson.

    Es incomprensible que Tony lleve de gira a un chico ofreciendo tan pobre actuación, y eso que es un guitarrista a tener en cuenta por su estilo peculiar y por haber contado con colaboradores de primera fila (Mike Mangini o Billy Sheehan entre otros) en su único disco editado hasta la fecha, “Boo!”. Y lo que acabó de descolocar más al público fue el hecho de que tocara solo tres canciones durante once minutos. Alguien de la organización se le acercó a decírselo justo cuando iba a tocar un cuarto tema (como así ha hecho en otras ciudades españolas) y se quedó durante unos segundos sin saber que hacer, hasta que cerró el portátil y se despidió del público. Increible.

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    A continuación salió a escena Agent Cooper, una banda que nos sorprendió por su actitud hard rockera y potente directo, ya que sus discos suenan más progresivos, y por el alto nivel técnico de sus componentes. La banda está formada por un cantante cachondo y simpático con una inaudita capacidad para inflar las venas su cuello y colorear de rojo su cabeza (como si fuera Hellboy) de nombre Woody Harrelson Doug Busbee, Sean Delson al bajo, recordando a Stuart Hamm con el sonido slap y lineas de bajo muy creativas, un buen guitarrista técnicamente hablando aunque algo frío llamado Mike Martin y que tocaba con Ibanez JemGanesh Giri Jaya habilidoso tras la batería, y el que para nosotros fue el miembro más destacado: el teclista Eric Frampton, virtuoso y divertido y a la postre un excelente corista.

    Nueve canciones, aproximadamente cuarenta minutos de actuación y muy buen sabor de boca es lo que nos trajo Agent Cooper con su mezcla de hard rock, progresivo a lo King’s X y un punto de A.O.R. . Además les favoreció una calidad de audio más que decente, especialmente en el bajo, que contra todo pronóstico se escuchó mejor que el concierto de Tony MacAlpine.

    Como curiosidad, decir que la banda al completo tuvo que desmontar su backline (excepto la batería) y encargarse también de montárselo a Tony (retirada de micrófonos, colocación del teclado, revisión de la batería, etc.). Curioso que Agent Cooper no sólo fueran los teloneros sino también los técnicos de escenario.

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    Y como no podía ser de otra forma como en cualquier concierto donde se homenajea a un disco en particular, el concierto empezó con el primer tema del “Edge of Insanity”, “Wheel of Fortune”, un tema muy neoclásico y potente dotado de un estribillo pegadizo y directo. Respecto a la calidad del sonido, ya desde un primer momento nos encontramos con la desagradable sorpresa de que la calida era inferior a la de los anteriores teloneros, es decir, un volumen demasiado alto en general, un sonido en la batería que no nos terminó de convencer y lo bajo que se escuchaba la guitarra de la adorable Nili, por debajo de los demás instrumentos en muchos momentos, así como el bajo de Englen, mejor que con la guitarra de su compañera pero menos presente que en el caso de los Agent Cooper. Por fortuna, nos sabemos de memoria la discografía de MacAlpine, somos músicos aficionados  y hemos asistido a muchos conciertos, con lo cual, si en algunos momentos no escuchamos algo con claridad solemos tener la capacidad de saber qué se está tocando; pero es cierto que el público menos freak de las guitarras no disfrutaria demasiado debido a la calidad de sonido.

    Tras ese comienzo sonó “The stranger”, uno de nuestros favoritos, con ese riff potente y demoledor al principio del tema que sonó de fábula. Melodías neoclásicas a raudales, mucha escala menor armónica y un soberbio solo de teclado aunque a un volumen algo bajo respecto a la mezcla. Tras saltarse “Quarter to midnight (Live)”, es decir, el solo que está grabado en directo en el disco, la banda interpretó la preciosa balada “Agrionia” con precisión milimétrica, buen feeling y magnífico intercambio de solos entre Tony y Nili. Después sonó el interludio de teclados y el melódico “Empire in the sky”, un solo de bajo muy al estilo de Billy Sheehan y el veloz y enérgico “The Witch and the Priest”, dos joyas que no se puede dejar pasar si estamos hablando del “Edge of Insanity”. Seguidamente pudimos escuchar “The taker” con su sonido hiperneoclásico a todo gas, el “Chopin Prelude 19 Opus” a los teclados con un MacAlpine muy pianístico, y el tema que da nombre al disco, otro de nuestros temas favoritos del álbum con esa melodía inconfundible. Ya para finalizar el bloque del disco insignia de Tony sonaron el rabioso y genial “The Raven” y el abstracto y experimental “No place in time” con sus hipnóticos cambios de tonalidad.

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    Tras la primera parte del set, Tony no dio descanso ni al público ni a sus músicos ni a si mismo. Aunque no abandonariamos el neoclásico del todo, los siguientes minutos se dedicaron a la descarga del metal progresivo más contundente y el jazz fusión experimental, cortesía de su Ibanez de 8 cuerdas y de su  último álbum (el cual marca una interesante vuelta de tuerca a la evolución progresiva y fusionera que ha tenido en los últimos años). Para desvirgar este último disco eligió los temas “Angel of twilight” y “Ölüdeniz”. Dado el sonido denso y contundente de este disco, habría sido agradable que Nili Brosh también hubiera usado este tipo de guitarras, pero ella siguió fiel a su Ibanez blanca de seis cuerdas durante todo el concierto. Aunque, por fortuna, el Carvin de cinco cuerdas de Englen ya ponía el cuerpo que la guitarra de Nili no podía aportar.

    Al finalizar esta descarga metalera volvimos a retroceder al pasado, para escuchar la fusionera “The sage” del disco “Evolution”, la hermosa y ovacionada balada de su segundo disco “Tears of Sahara”, y “The violing song del “Premonition”; buen tema aunque personalmente preferiamos “Ghost of Versailles” o “Gila Monster”.

    La furia metalera volvió con el salvaje “Serpens Cauda” de su reciente disco, seguido por “Psychoctopus”, el solo de batería de Aquiles Priester y en el que -cortesía de la nefasta mezcla- apenas pudo escucharse el acompañamiento grabado sobre el que estaba tocando, quedando algunas partes sin sentido. No obstante, Priester demostró porque fue uno de los candidatos a suplir a Mike Portnoy en Dream Theater

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    Para la última parte del set, Tony se colgó una Ibanez de siete cuerdas y nos deleitó con el fabuloso “Stream dream” (perteneciente al “Freedom to fly” y habitual tema de fondo en nuestro programa), con ese característico delay con aroma de fusión, otra dosis de contundecia llamada “Pyrokinesis” (extraida de su último disco) y por último, la trepidante muestra de shred clásico Hundreds of thousands” del “Maximum Security”.

    En cuanto a la ejecución de los temas, la perfección casi absoluta vino por parte de Tony (aunque el comienzo de “Stream dream” pareció atragantársele un poco, como sino se acordara) y Nili. Mientras el primero se encargaba de las melodías de todos los temas, la segunda se encargaba de la parte rítmica. Los solos, como es lógico, eran tocados en su mayoría por Tony pero Nili no desaprovechaba la ocasión de lucirse cuando le tocaba. Además, hay que destacar que una característica común en el heavy metal neoclásico de los 80 era incluir pequeños solos o escalas muy rápidas entre riff y riff. Normalmente se recurría al uso de armonizadores en directo, pero Nili no tenía ningún problema en doblar a Tony en numerosas ocasiones, y eso que a la muchacha le tocaba seguirle en momentos en que el maestro ponía la velocidad punta. Pese a salir a tocar con cierta timidez escénica, comenzó a animarse poco a poco, gracias en parte a los vítores del público, y acabó saludando entre canción y canción y luciendo una bonita sonrisa de oreja a oreja en muchos momentos (vale, se nos ve el plumero, pero es joven, guapa y shredder, así que ¿qué esperáis?). Respecto a Tony, resulta muy curioso el ver como otros músicos legendarios de su quinta, como Vai, Malmsteen o Satch ya no tocan al mismo nivel que antes (hablamos de técnica y velocidad, no de composición). Es algo normal puesto que la edad empieza a pasar factura. Sin embargo, en el caso de MacAlpine, no acusa para nada la edad, tocando quizás con más precisión y velocidad que antaño. Y en un concierto a este nivel de exigencia física es algo de lo más meritorio… y sorprendente.

    Bjorn Englen tampoco lo hizo mal. Pese a que estuviera en muchos momentos posando y más atento a la presencia de cámaras en primera fila que no a la canción en sí, tocó con seguridad y solvencia los momentos de mayor complejidad. No puede considerársele un Billy Sheehan, pero desde luego que algunas composiciones de Tony MacAlpine se las traen. Y respecto a Aquiles Priester, un poco lo que ya se ha comentado: nivelazo tanto en terrenos neoclásicos como más fusioneros o progresivos.

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    El concierto duró aproximadamente una hora y tres cuartos y hay que reconocer que si uno no es amante del shred y las piruetas no es un concierto que pueda disfrutarse. Qué duda cabe de que Tony MacAlpine sabe combinar complejidad armónica con melodias excitantes, pero siempre pasado por el filtro de una técnica brillante, excesiva y que aflora en casi todo momento. Esto provoca una enorme densidad en sus composiciones y que para disfrutarlas plenamente, o hay que ser músico o muy amante de la música instrumental.

    Si debemos poner una queja aparte de la del sonido fue a la poca comunicación de la banda con el público. De todos es sabido la cordialidad y simpatía de la que hace gala siempre el guitarrista de color, y tratándose de algo tan emocionante como la gira de 25 aniversario de su ópera prima y a la vez presentación del unánimemente alabado por la crítica último disco, habría estado bien una presentación nada más subir al escenario y comentarios entre tema y tema. Lo que debería haber sido un set-list para ser tocado en un par de horas se despachó en hora y tres cuartos, sin bises, sin tregua, casi como si tuvieran prisa por terminar (aunque luego no tuvieron problema en estar una hora firmando discos y haciéndose fotos).

     Por último, es obligatorio destacar la amabilidad y el buen hacer de los músicos al salir a la sala nada más finalizar el concierto para firmar discos, entradas y hasta un póster que regalaban con la portada de su último álbum donde aparece Tony con la Ibanez de 8 cuerdas (y que nos llevamos firmado y dedicado). Destacable también el reducido precio de las camisetas y CD´s: 10 miserables eurillos que saben a gloria con la que está cayendo aquí en España, incluyendo los discos debut de Nili Brosh y Daniel Pique (sin distribución en nuestro país) o el último de MacAlpine, que cuesta unos cuantos euros más en cualquier tienda.

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El set-list fue el siguiente:

EDGE OF INSANITY PART

  1. Wheel of fortune
  2. The stranger
  3. Agrionia
  4. Interlude
  5. Empire in the sky
  6. The Witch and the Priest
  7. The taker
  8. Chopin prelude 19 Opus
  9. Edge of insanity
  10. The raven
  11. No place in time

DREAM MECHANISM PART

  1. Angel of twilight
  2. Ölüdeniz
  3. The sage
  4. Tears of Sahara
  5. The violin song
  6. Serpens cauda
  7. Psychoctopus (solo de batería)
  8. Stream dream
  9. Pyrokinesis
  10. Hundreds of thousands

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    Y ahora, para acabar, os dejamos con unos cuantos temas grabados en exclusiva por Guitar Xperience, videotubes de asistentes a diferentes conciertos de la gira y más fotos del evento. Aparte de eso, comentar que en el siguiente programa del 26 de marzo, podréis escuchar INTEGRAMENTE el concierto, así como en la versión podcast del siguiente miércoles  28.

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IVAN MACÍAS & ALBERT SANZ

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Xperience Live!: G3+K1 (10/03/2.012)

Publicado en Crónica Conciertos con etiquetas , , , , , , , , , , , el 16/03/2012 por Guitar Xperience

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    Es todo un orgullo y un lujo para nuestro país que unos guitarristas de aquí se reúnan para emular al ya mítico festival de guitarra G3 que ha dado la vuelta al mundo -recordemos: Joe Satriani, Steve Vai más un tercer guitarrista de primer nivel que se ha ido incorporando según la edición-, y si encima le sumamos un teclista de igual virtuosismo y calidad el resultado puede ser más que interesante.

    Hay que decir también que mientras uno va a pasar a la historia del rock el otro va a quedar como mera anécdota dada la diferencia enorme que les separa y el escaso apoyo que hay al shred nacional. No importa que Vai o Malmsteen lleven más de una década cumpliendo a rajatabla la fórmula de “¡mira lo loco que estoy y como se me va la olla con el whammy y la palanca tocando notas fuera de la tonalidad de la canción!” (en el caso de Vai) o¡qué cómodo es grabar el mismo disco desde hace veinte años y que se siga vendiendo!” (en el caso de Malmsteen); la cuestión es que como son yanquis automáticamente molan un montón y como los integrantes del G3+K1 no, eso equivale a considerarlos como vulgares imitadores. Flaco favor hacemos al rock nacional, ya que los chicos del G3+K1 y muchos otros podrían dar una seria lección de técnica y estilo a más de una vaca sagrada.

    De todas formas, hay que valorar y agradecer este tipo de propuestas, y más en un época donde a la guitarra se le da tan poca importancia como lengua vehicular (aprovechamos el símil lingüístico de actualidad), porque engrandecen la leyenda de la guitarra como instrumento de culto y ayuda a recordar que aunque la época dorada de los virtuosos ya ha pasado, su legado ha dejado huella en toda una serie de músicos que siguen tan fanáticos por este instrumento como entonces.

    El pasado sábado 10 de marzo, servidores y unos amigos más nos personamos en el Valhalla, céntrico y antiguo local metalero donde se iba a celebrar la segunda edición de este festival. Tras la negativa crónica y el polémico y encendido post-partido que se hizo de la primera encarnación, teniamos ganas de hablar con sus protagonistas y ver si la cosa mejoraba. Y sí, por parte de los músicos todo fue a mejor. No obstante, no seremos tan benévolos como nos pidió -entre risas- el señor Zágora, puesto que… bueno, no adelantemos acontecimientos. En dicha crónica ya incluimos una pequeña biografía de cada músico por lo que os remitimos a ella para que les conozcáis un poquito. Este G3+K1 ha contado con una variante y es que Fabio Di Angelo ha sido sustituido por Mike Zágora, del cual, llegado el momento, comentaremos algunos apuntes biográficos.

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    Dicho esto, el primer músico que salió a escena fue Jesús Espejo. El “K1″ nos ofreció un show de lo más interesante. Con un sonido curiosamente guitarrístico para ser un teclista, Espejo demostró su habilidad tocando unos temas muy elaborados basados en escalas y arpegios a alta velocidad y mucho uso de la rueda de vibrato encima de unas bases de rock moderno, progresivo y experimental. La influencia de cracks como Jordan Rudess o Derek Sherinian es notable tanto en la manera de solear (con los que podría competir de tu a tu) como en la composición. Si bien esto último sería criticable dado el gran parecido estilístico con las composiciones de los músicos mencionados, hay que reconocer el enorme trabajo y dificultad técnica que hay detrás de esos temas, por lo cual su set-list se hizo de lo más disfrutable. Lo único que falló fue el sonido, que sin ser un desastre sonó un poquito más fuerte de lo deseable, con un desfase tanto en agudos como en graves que hacía distorsionar su actuación en algunos momentos.

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    El segundo músico en subir al escenario fue Juan Martín, un guitarrista que tal como vimos la vez anterior, muestra una gran influencia de Paul Gilbert en la manera de encarar las carreras por el mástil durante los solos, y con un toque neoclásico muy a lo Macalpine o Vinnie Moore en cuanto a los riffs. El sonido no le ayudó mucho ya que mientras sus bases sonaban por la P.A. de la sala; los solos y riffs de su guitarra solo lo hacían a través de un ampli Mesa Boogie que había en el centro del pequeño escenario. Imperdonable. Sino fuera porque estábamos muy cerca tanto de su ampli como de los monitores no habríamos entendido nada. A lo largo de los tres temas que interpretó demostró técnica y soltura, y pese a tener feeling, hubo momentos en los que se le fue la mano tocando muy rápido. Aunque por otra parte, se supone que esto es un festival de shred y es lo que íbamos a escuchar, ¿no?

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    A continuación le tocó el turno al “nuevo”. Mike Zágora es un músico dotado de un elevado nivel técnico. Estudió en Berkley y fruto de aquella experiencia, acabó siendo profesor en diversas escuelas, imparte continuamente masterclasses y es fundador de la Heavy Rock School de Barcelona. Además es sponsor de Weisse Hügel y ha lanzado su primer DVD didáctico.  Desde nuestro punto de vista, fue el mejor de la noche (en cuanto a guitarras) puesto que en cierta manera posee el nivel técnico de sus dos compañeros guitarristas pero con un punto mayor de clase y estilo. Con su Ibanez de 7 cuerdas y con un sonido en la sala ya mejorado (la guitarra ya salía por la P.A. aunque algo falta de brillo). nos ofreció unos temas que podríamos definir como una mezcla entre Steve Vai y John Petrucci, por momentos fusionero y por por momentos progresivo. Descargó tres temas de cosecha propia y una magistral versión del “Erotomania” de Dream Theater. Da la sensación de que sea el que posee más tablas, puesto que demostró mucha seguridad, precisión y soltura, y bastante carisma escénico, además de un excelente control sobre cuando “shreddear” y cuando callar. Su punto débil fue la composición, puesto que al menos los temas que escuchamos no fueron como para echar cohetes, pero sería interesante poderlo escuchar en un disco entero para poder apreciar mejor su potencial en este aspecto.

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    El tercer guitarrista fue David García, que nos pareció el más flojo de los tres a nivel musical. Tocó varios temas de cosecha propia. Su técnica es elevada, tanto a legatto, sweeps, púa-contrapúa o a tapping, pero caía una y otra vez en la trampa de la velocidad (¡y qué velocidad!), dejando totalmente de lado la musicalidad. Paradojicamente, el último de los temas propios nos parece el mejor y eso que fue el más desfasado y alocado de todos los que tocó. Fue un tema neoclásico que cumplía con el 100 % de los clichés del género y en que pese a sacar humo del mástil con las interminables carreras, su base propiciaba eso precisamente, con lo cual el resultado quedaba bien. Por último, David nos obsequió con una más que decente versión del difícil tema de Steve Vai “For the love of God”.

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    Para finalizar, como en su hermano mayor, el G3 estadounidense, se reunieron los cuatro músicos para tocar el clásico de Jimi Hendrix “Little wing”. Faltó la intro, lástima, porque es el 50% del tema pero igualmente pudimos verles buenos fraseos improvisando sobre la tonalidad.

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    La reducida capacidad de la sala no permitió una gran audiencia, aunque contra todo pronóstico, el aforo fue dismuyendo; lo que hace que no quede muy claro si la buena entrada que había en un principio se debía al interés por el evento o a que se trataba de clientes habituales del local que una vez  tomada una caña y visto el panorama, decidieron que la sobredosis de virtuosismo no era lo suyo. La calidad de sonido fue muy irregular, yendo de terrorífica a aceptable (aunque no es culpa de los artistas), pero poder ver en un entorno íntimo y familiar este tipo de propuestas siempre es preferible, ya que el tipo de asistente no va a hacer headbanging ni alcanzar un estado superior de conciencia, sino a no perder de vista las evoluciones de los músicos sobre el instrumento  e intentar aprender todo lo posible. En cuanto a las críticas que hicimos la otra vez, tal como nos comentó Jesús, todo de lo que pudieran tener culpa ellos mismos fue subsanado. Todos se presentaron, nombraron los temas a tocar y en general hubo una buena interacción entre público y músicos. Sólo les pondríamos una pega (¡tranquilo Mike!) y fue la elección del orden de aparición. Dado el carácter metalero de los guitarristas, la idea de incluir un teclista es muy buena, puesto que aunque se mueva en senderos musicales similares, el sonido ya rompe un poco con la posible monotonía. La lástima fue que Espejo abrió la noche, para después tener una descarga continua y larga de guitarras. Hubiera estado muy bien verle antes de la jam o en medio de alguno de los guitarristas, pero no al principio.

    Y eso fue todo: una noche de guitarras locas como dijo Brian May en el festival Leyendas de la Guitarra de Sevilla, que aunque sonaron más locas de lo que deberían se agradece y se aplaude la iniciativa y desde aquí animamos a que este concepto tenga continuidad, ya sea con estos o con otros músicos. Por otra parte, deseamos a Espejo, Martín, Zágora y García que puedan hacerse un hueco en el complicado mercado de la guitarra de rock instrumental.

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IVAN MACÍAS & ALBERT SANZ

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¿Quieres preguntarle algo a Guthrie Govan?

Publicado en Comunicados con etiquetas , , el 15/03/2012 por Guitar Xperience

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    Tal y como hemos anunciado en los dos últimos podcasts, el lunes que viene asistiremos y daremos la debida cobertura al concierto de The Aristocrats. Un concierto en el que de la mano de Guthrie Govan, Marco Minnemann y Bryan Beller asistiremos a una lección de fusión y progresivo al más alto nivel que se pueda escuchar hoy en día.

    Pero además de eso, Guitar Xperience va a entrevistar a Guthrie Govan, quien está considerado como uno de los principales guitarristas de la “generación Youtube”. Un músico en el que se concentran uno de los niveles técnicos más altos que puedan concebirse junto a una gran elegancia en su ejecución y musicalidad en la composición de temas propios. Todo un talento que puede adaptarse a casi cualquier estilo conocido (como atestiguan los cientos de videos que hay colgados en la Red) y que le llevó incluso a formar parte de las filas de los legendarios Asia.

    Como hicimos en una anterior ocasión (con éxito nulo, por cierto) os damos la oportunidad de que le preguntéis lo que queráis. Seleccionaremos algunas de las preguntas y se las formularemos a Govan. Tan sólo tenéis que dejar un comentario en esta entrada o bien en nuestro grupo de Facebook.

    De momento, y para ir abriendo boca os dejamos con algunos videos de este maestro.

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Crítica: The Aristocrats

Publicado en Crítica con etiquetas , , , , , , , , el 17/02/2012 por Guitar Xperience


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  • Artista:  The Aristocrats
  • Sello:     BOING Music
  • Año:       2.011
  • Estilo:    Jazz, jazz fusión, rock progresivo

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CALIFICACIÓN TÉCNICA

  • Nivel de técnica: 9/10
  • Velocidad: 7/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 8/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: -5/-10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 7/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 6/10
  • PUNTUACIÓN: 7/10

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CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 6/10
  • Nivel de feeling: 7/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 4/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 4/10
  • PUNTUACIÓN: 5,25/10

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PUNTUACIÓN TOTAL: 6/10

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       Ya hace un tiempo que un oyente nos tiró de las orejas al respecto de las calificaciones en las críticas. Se quejaba de que salvo en las reviews hechas a Yngwie Malmsteen, el resto tenían siempre unas calificaciones muy elevadas e insinuaba que sólo criticábamos discos de artistas que nos gustaban. Sí y no. Dado el carácter amateur del programa y la web, en bastantes ocasiones nos decantamos por bandas y solistas que en efecto, nos gustan; que ya que nadie cobra un duro, qué menos que disfrutar de lo que uno escribe, y aunque cueste creer, intentamos ser imparciales. Pero también es cierto que más de una vez hemos hecho críticas de gente que no conociamos, como por ejemplo, la realizada al guitarrista germano Christian Muenzner. Obtuvo buena puntuación, sí, pero personalmente servidor no ha vuelto a introducir su CD en la bandeja del equipo HI-FI. Y para equilibrar un poco la balanza y evitar futuras quejas, hoy toca hablar de un CD de debut de una banda formada por unos músicos de los que me considero rendido admirador, y que sin embargo me ha supuesto una inesperada decepción.

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    The Aristocrats tiene una génesis curiosa. El bajista Bryan Weller y el batería Marco Minnemann, cuyo trabajo con Steve Vai, Mike Keneally, Necrophagist, Paul Gilbert o Adrian Belew Trio les había otorgado un gran prestigio (especialmente a Minnemann, que como ya sabréis, a punto ha estado de recalar en Dream Theater). Ambos se conocían y eran amigos. Cuando Bryan fue invitado al The Anaheim Bass Bash, un evento dentro del marco de la feria Namm, consistente en conciertos y jams de célebres bajistas, no dudó en pedir a Marco que le acompañara. De mutuo acuerdo decidieron que necesitaban incorporar a un guitarrista. Alguien de la organización sugirió a Govan, todo un maestro de la guitarra eléctrica en casi cualquier estilo existente y el más fiel representante de la “generación YouTube”. Cada uno de ellos compuso dos temas y envió los MP3 al resto. El problema era Govan vive en Londres, Beller en Nashville y Minnemann a caballo entre Berlin y San Diego, y para colmo los tres tienen siempre compromisos. Las fechas se acercaban y ni Beller ni Minnemann estaba convencidos de la preparación de Govan de cara al concierto. Cada uno de ellos había compuesto dos temas y todo el material era en exceso complejo. Ambos conocían el virtuosismo del otro pero no sabían si Govan iba a estar a la altura. Sin embargo, y tras un solo día de ensayo (justo el día antes del concierto) las expectativas fueron ampliamente superadas: entre ellos surgió una gran química y afinidad y el concierto fue un éxito.

    Tan extasiado acabó el público, que durante semanas, todas las redes sociales y los perfiles en FaceBook de cada uno de ellos ardían en peticiones para el trío (que ni siquiera tenía nombre) visitara cada ciudad donde hubiera uno de sus fans y por supuesto que grabaran un disco. Convencidos por el público y por ellos mismos de que tenían que plasmar aquel buen rollo antes de que fueran reclamados por otros artistas, ofrecieron la idea a varias discográficas que pasaron del tema. Así que, creando su propio sello y autofinanciándolo de su propio bolsillo, por fin salió a la luz este CD. Lo que no nos esperábamos que además fueran a realizar una gira por Europa -incluida España- presentando este trabajo, señal de que The Aristocrats han traspasado fronteras.

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     El disco consta de nueve temas en los que predomina el jazz fusión y la experimentación, aderezada con elementos de rock, blues y funky. El trío ha apostado por composiciones muy densas en las cuales es difícil definir cual es la melodía principal, y que por desgracia no atraerán demasiado al fan del metal progresivo, que es mayormente el fan que tienen cada uno de ellos en solitario. Otro dato negativo es que tampoco tenemos las descargas de solos hipervirtuosos que esperábamos de Govan. No digo que no toque a un nivel muy alto, pero sí que a tenor de las decenas de videos vistos en Internet no vemos a ese guitarrista tan espectacular como ecléctico.

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1.- Boing!… I’m in the back. El tema con el que se abre el CD y que contiene todo lo malo y lo bueno. Mezcla de rock, “metal new age – oriental” a lo Steve Vai, trash metal y búsqueda de sonidos extraños, como en el comienzo, con una batería totalmente panoramizada a la izquierda y una ecualización general extraña. El tema tiene su atractivo pero una vez acaba tienes la sensación de haber escuchado un medley de todo el álbum y no una sola canción.

2.- Sweaty knockers. Este sería el tema más standard en el sentido de que contiene más dosis de rock y metal y hay buena dosis de virtuosismo por parte de todos los músicos. También hay un desarrollo melódico más comprensible.

 

3.- Bad asteroid. Si bien comenzamos con una intro muy jazzística el tema evoluciona a terrenos de rock and roll clásico e incluso metal, hasta que a la mitad, el trío se nos pone en plan jazzístico combinado con algo de funky.

4.- Get it like that. Comienzo muy oscuro y enigmático y una atmósfera que nos acompañará durante más de siete minutos. La canción más jazzística de todo el disco. Tal vez la mayor muestra de virtuosismo de Minnemann y unos excelentes solos de guitarra limpia de Govan. Sin embargo, para romper con la monotonía que podía tener el tema, hacia el final hay un abrupto e incomprensible cambio hacía unos sonidos de metal pesado y agresivo.

5.- Furtive jack. Una divertida intro de reggae (WTF?) sirve a Govan para dar una lección de técnica clase y a Minnemann de como puede adaptarse a cualquier estilo. Cerca de la mitad evoluciona a terrenos de free jazz con momentos de cierta controlada confusión, con cada uno de los miembros tocando a su bola (atentos a Beller). Tras el ecuador Govan se pone en plan shredder con gran cantidad de distorsión. Al igual que el primer tema, no queda clara cual es la melodía principal, a no ser que sea la intro reggae con la cual también termina. De todas formas, tal vez sea este el tema con el que más se luce Bryan Beller al bajo.

6.- I want a parrot. Casi diez minutos de duración para una composición parecida a la segunda: sonidos rockeros, melodías reconocibles y un ambiente más relajado. Aunque haya momentos más potentes con regusto al Hendrix más fusionero, se mantiene la actitud tranquila. Hay que destacar la melodía principal realizada por Govan y Beller (ambos en estado de gracia) y los bonitos solos de bajo de éste último.

 7.- See you next tuesday. Fusión en estado puro. Una especie de King Crimson cuando se ponen en modo heavy y con un Guthrie Govan que homenajea sin rubor en su solo a Adrian Belew. Tenemos también un riff principal muy mueve greñas. El tema más cercano al rock progresivo de todo el disco.

8.- Blues fuckers. Blues y rock and roll en el cual la banda ha querido experimentar con diferentes sonidos. Govan pasa de guitarras tocadas a dedos con un punto de overdrive para los ritmos rápidos y con auto-wah y flanger para otros más tranquilos, mientras que Minnemann y Beller se nos muestran muy jazzísticos, especialmente el alemán. Un tema extraño ya que se adivina algo de blues y r ‘n r pero que no acaba de cuajar ni como tema rockero, ni bluesero ni fusionero.

9.- Flatland. Llegamos al final con la que podría considerarse la balada del álbum. Sonidos limpios y relajantes y un bajo (probablemente) fretless para una gozada de jazz con una pizca de fusión. Minemmann demuestra que puede ser sutil y tranquilo sin perder por eso complejidad en la ejecución. Govan demuestra también que es un maestro no sólo de la técnica sino de la expresividad y la emoción tocando un solo realmente hermoso.

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    Ni mucho menos The Aristocrats han realizado un mal trabajo, pero da la sensación de haberse quedado a medias: es denso y complejo, pero no llega a niveles de la fusión de Jaco Pastorius o King Crimson. Los continuos cambios de ritmo y estilo suenan extraños y abruptos, no fluidos y naturales como en esos y otros muchos otros referentes. Hay rock pero no lo suficiente como para atraer a fans del rock o el metal progresivo. Hay mucho jazz, pero incluso el jazz más vanguardista -a excepción del free jazz- tiene unas estructuras y melodías reconocibles. Y si bien hay un enorme virtuosismo en todo lo que tocan, éste aparece en forma de ritmos y apenas en forma de solos (lo cual no es necesariamente malo, pero es lo que atrae en primera instancia a los fans de Guthrie Govan). Sí que hay momentos excitantes en las canciones pero no en la suficiente cantidad como para hacer que te estalle la cabeza.

     De lo que no hay duda, y conociendo los antecedentes de cada uno de ellos, que su hábitat natural es el directo. Y donde la escucha de su material grabado puede ser aburrida, sin duda que en directo no lo será tal, habida cuenta del nivelazo de cada uno de ellos por separado.

    En espera de su próxima visita a nuestro país (consultad nuestra agenda), os dejamos con estos videos que muestran como se las gastan estos chicos.

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