
.
FICHA
- Artista: Joe Satriani
- Sello: Strange Beautiful Music / earMusic
- Año: 2.022
- Estilo: Shred melódico instrumental, hard rock, rock progresivo, heavy metal, jazz fusión
CALIFICACIÓN
.
CALIFICACIÓN TÉCNICA
- Nivel de técnica: 8/10
- Velocidad: 8/10
- Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 8/10
- Nivel resto de músicos: 9,5/10
- Nivel de coñazo virtuosístico: 0/-10
- Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 9,5/10
- Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 8/10
PUNTUACIÓN: 8,7/10
CALIFICACIÓN MUSICAL
- Calidad musical: 7,5/10
- Nivel de feeling: 8/10
- Posibilidad de escucharlo de un tirón: 7/10
- Ganas de hacer “headbanging”: 8/10
PUNTUACIÓN: 7,6/10
PUNTUACIÓN TOTAL: 8,1/10
.
INTRODUCCIÓN
.
Parece mentira que con lo que ha sido Joe Satriani para la historia del shred y de la evolución de la guitarra eléctrica, y también para mi propia evolución personal, la pereza que me entra en la actualidad cuando tengo que enfrentarme al análisis de un nuevo trabajo suyo. Ya me vino cuando tuve que analizar su anterior «Shapesifting» y no me dio tanto con «Squares», más que nada porque ahí nos encontrábamos ante unas demos con cuatro décadas de antigüedad, época en la que Satriani todavía era un adolescente con ganas de comerse el mundo y explorar todas las posibilidades técnicas y sonoras de la guitarra eléctrica.
Personalmente, sigo pensando que su «Black swans & Wormhole wizards» ha sido su última obra maestra, lanzado en un momento en el que venía de una racha de poca creatividad, y en esta ocasión, este «The Elephants of Mars» aparece en un momento igual a aquel. O quizás peor, ya que el single de presentación —«Sahara»—, me supuso un jarro de agua fría al encontrarme con una canción poco menos que mediocre. Sin embargo, el segundo single —«The Elephants of Mars»— fue una locura semiprogresiva y muy divertida, con un videoclip de apoyo igual de loco. Por lo tanto, con poco tiempo de diferencia, me encontré con las dos caras de la moneda: la de la mediocridad y falta de ideas y la del riesgo y ganas de salirse de lo habitual.
Ahora sólo quedaba escuchar el resto y saber de qué lado se decantaba la moneda.
El caso es que he decidido enfrentarme a este disco con ánimo positivo. Uno, porque este hombre fue capaz de parir discos imprescindibles como «Flying in a blue dream» o «The Extremist» y me niego a creer en que no quede nada de ello en su interior. Y dos, porque «The Elephants of Mars» fue concebido durante la cuarentena de 2.020, con sus giras canceladas hasta mediados de 2.022. Por tanto, tiempo de sobras tuvo para trabajar con él en calma. Aunque también es verdad que en ese periodo de tiempo, grabó no sólo uno, sino dos discos, siendo el segundo de ellos de rock vocal y que todavía permanece inédito.
Sobre ello ya hablamos en esta noticia de la que extraigo estas declaraciones del propio Joe Satriani al respecto.
«Tuve la idea de crear dos nuevos discos diferentes a lo largo de los próximos meses, tras la aparición de «Shapeshifting». Uno sería otro álbum instrumental y otro orientado a la voz, pero ambos contando con mi banda actual en vivo.
La naturaleza inusual de eso dentro de mi carrera se debe a que la banda es realmente única, con Kenny Aronoff en la batería, Bryan Beller en el bajo y un fenomenal músico australiano, Rai Thistlethwayte, en el teclado y la guitarra y que también es un cantante fantástico.
Estos chicos me han inspirado para trabajar con ellos en ambas direcciones, y como todos estamos confinados por la cuarentena, tenemos mucho tiempo libre para trabajar en ambos discos a la vez. Nos enviamos mensajes y audios en WhatsApp casi a diario con nuevas ideas. Todos estamos trabajando de forma remota y así vamos a construir estos discos en los próximos meses.
Así que eso es lo que estamos haciendo esta vez en casa: estamos tratando de ser lo más creativos posible.»
.
Tal y como comentó en este comunicado, los músicos que podemos escuchar en el álbum son el veterano Kenny Aronoff a la batería —John Fogerty, Santana, Meat Loaf, etc.—, quien ya trabajó con Satch en «Shapesifting», Bryan Beller, bajista de los virtuosos The Aristocrats y el desconocido multiinstrumentista y vocalista australiano Rai Thistlethwayte, el cual se aleja bastante del promedio de músicos con los que se ha involucrado Satch a lo largo de su carrera, ya que viendo los ejemplos que aquel tiene en su canal de YouTube, acostumbra más a moverse en terrenos de funk, soul y pop.
Junto a estos músicos, también está acreditado Eric Caudieux a los teclados y el guitarrista y vocalista Ned Evett a las voces habladas y coautor junto a Satch de una de las canciones. Como dato bien curioso para los interesados en estos temas, es que Caudieux también ha colaborado como ingeniero de grabación de las baterías, compositor de tres canciones y ¡ojo!, productor al completo del álbum, delegando así Satriani esta importante tarea.
O sea, que si esa vez el disco es malo, no será completamente culpa suya, aunque si sale bueno, también habrá sido por estos colaboradores. Vamos a ver.
.

.
ANÁLISIS DE LAS CANCIONES
.
1.- Sahara. Primer single de presentación con una melodía principal simplona que se mantendrá durante toda la canción. A su favor tiene el potente sonido de la batería y el bajo, los interludios más tranquilos con elementos percusivos orientales y que hasta un principiante podría tocar este tema en poco tiempo.
Sin embargo, también te deja con la sensación de simpleza, poco trabajo y de si esta era la mejor carta de presentación del álbum.
2.- The Elephants of Mars. Pasamos de la noche al día. El segundo single ha sido esta locura de rock progresivo. En ella no es que tengamos melodías muy complicadas, pero sí que hay un logrado equilibrio entre el Satch más rockero y el más experimental (como el interludio a partir del 1:35, con un fantástico Caudieux a los teclados, muy new age y hermoso, pero que comienza poco a poco a derivar en algo pesadillesco).
Nuevamente, la dupla Aronoff–Beller está sensacional, con el bajista además doblando al guitarrista en algunos momentos.
A destacar también el breve pero interesante solo de teclado con que nos obsequia Rai Thistlethwayte así como el marciano solo de Satriani, con un lenguaje quizás más jazzístico y un sonido deliberadamente extraño.
La canción que puede que termine siendo de las mejores del disco, es una de las tres que ha compuesto Eric Caudieux.
3.-Faceless. Cambiamos de forma bastante rápida a la primera balada del álbum. Esta vez nos encontramos ante melodías y un desarrollo muy típico de Satriani, bonito, melancólico pero sin chispa (aunque se nota un cierto esfuerzo en el interludio rockero que hay a la mitad). Sin embargo, lo que le da un aire muy diferente y hace sobresalir a la canción es el enorme trabajo de los teclados tanto de Thistlethwayte como de Caudieux, creando una enorme colchón de sintetizadores y piano, e incluso de cuerdas sampleadas, sobre el que discurren las ideas de Satriani.
4.- Blue foot grovy. Nos vamos ahora a una canción que se ha hecho un hueco en la lista de canciones elegidas para los conciertos. Medio tempo con las típicas melodías «super happy flower» a las que les tengo tanta manía, pero que, al encontrarnos en un contexto de blues rock y hard rock, pues oye, que termina por ser simpática y que te pase en un suspiro.
Nuevamente, tengo que destacar a Bryan Beller por su gran trabajo al bajo y también a Satriani desde un punto de vista rítmico, ya que las guitarras rítmicas de esta canción son realmente buenas.
Ok, no es una maravilla en el catálogo de Satriani, pero puede ser una canción que te apetezca reescuchar en más de una ocasión.
5.- Tension and release. Satch inicia la canción con un extraño riff basado en amplios bendings, al borde de la desafinación, de ahí eso de «tensión y liberación». Y si eres aficionado a este tipo de música, te habrá venido de inmediato a la mente el tema «Gravity storm» de Steve Vai, basado en parte en un riff a contratiempo con muchos bendings.
El caso es que la canción transita por pasajes interesantes, unos más metaleros, otros más rockeros, otro progresivos, e incluso cuenta con el Satriani más shred el disco, tocando un intenso y rápido solo con multitud de técnicas, y con un Aronoff excelente a la batería. Sin embargo, al igual que sucede en discos anteriores, estamos ante unas buenas ideas pero que no terminan por llegar a ninguna parte.
Qué duda cabe, que estas ideas en mano de Steve Vai, habrían dado lugar a un temazo.
6.- Sailing the seas of Ganymede. Continuamos con este viaje espacial y de Marte nos vamos a Ganímedes. En esta ocasión tenemos el tema más loco y progresivo del disco, junto al «The Elephants of Mars», sin embargo, me cuesta mucho decidirme por si me gusta o no. Y es que más que una canción es un conjunto de experiencias. Es como tener siete canciones en una (desde las más relajadas a las más oscuras), en la misma tonalidad y empalmadas con acierto, y así es imposible determinar cual es la melodía principal. Aunque quizás la intención era esa: componer una canción de rock progresivo experimental que recordara más a King Crimson que no a Joe Satriani.
7.- Doors of perception. Segunda balada del disco, y en esta ocasión con con un aire muy cinematográfico y oriental y que bien podría aparecer en la próxima secuela de «Dune». A ello contribuye de nuevo el excelente trabajo de los dos teclistas y de Aronoff usando diferentes elementos de percusión.
En esta ocasión Satriani realiza un trabajo de acompañamiento a la guitarra, sin sobresalir ante sus compañeros, y el resultado termina siendo una bonita simbiosis entre todos los instrumentos.
Curioso cómo, sin complicaciones ni artificios, estamos ante uno de los mejores cortes del álbum.
8.- E 104th St NYC 1973. Tal y como definió a esta canción nuestro compañero Iván Macías en su reciente crónica del concierto barcelonés de Satriani, «intimista y jazzy, “E 104th St NYC 1973”, es un tema muy interesante que transmite a la perfección lo que debió ser Nueva York en los años 70, con ese crisol de músicas de todos los estilos».
Y en efecto, así es, y gran parte de ese rollito intimista y jazzy lo aporta el trio Aronoff–Beller–Thistlethwayte. Aunque también debo confesar que si bien Satriani aporta una melodía sencilla a la par que sexy, no me convence su solo de guitarra, el más largo del disco y muy metalero, con una buena dosis de pentatónicas, ligados y wah-wah. Teniendo en cuenta el ambiente de la canción, se habría agradecido un sonido más limpio y un solo más relajado.
9.- Pumpin’. Llegamos ahora a un corte en cierto modo hermano del «Blue foot grovy», por su ambiente animado y desenfadado. Eso sí, aquí hay mucho más funky, con un Rai Thistlethwayte sensacional aportando un solo de teclado y sonido bien setentero.
Por su parte, Satriani toma las riendas a partir de la segunda mitad para entregarnos un solo muy técnico e inspirado.
10.- Dance of the spores. Tercera balada del disco, eso sí, oscura y misteriosa. El conocido sonido de distorsión + wah wah del guitarrista queda fantástico con esta ambientación. Cerca del primer minuto entra lo que será la melodía principal, bien arropada por los teclados, hasta dar paso a un interludio cerca del minuto dos muy misterioso y extraño. En esta parte destaca sobretodo la dupla Aronoff-Beller, realizando un acompañamiento de notable dificultad, mientras Satch se pone en modo marciano.
Aunque más marciano es la parte del minuto tres y medio con sonidos circenses, voces infantiles y cadencia de vals. De lo más extraño.
Satriani aquí intenta la doble pirueta de componer una canción extraña y marciana a la vez que melódica, y ¡funciona! El resultado termina siendo enigmáticamente sofisticado.
11.- Night scene. Cambiamos de ambientación, para pasar a un corte muy electrónico que recuerda de inmediato al álbum «Engines of creation» que hicieron a duo Satriani y Caudieux, y es normal, ya que esta es la segunda pieza del disco que firma el francés. El resultado es curioso, ya que a pesar de su animado tempo nos encontramos con un solo de teclado muy funky por parte de Thistlethwayte y de otro muy metalero por parte de Satch.
Interesante modo de salirse de la tónica del álbum.
12.- Through a Mother’s Day darkly. Vamos ahora con un medio tempo coescrito junto a Ned Evett, el cual nos pone en situación explicando al comienzo un extraño sueño que ha tenido. Toda la canción es oscura y opresiva, y muy cinematográfica también, mostrando una agobiante mezcla de suspense y terror que sería perfecta como BSO de una película del estilo.
Me parece muy buena canción en cuanto a su intención, pero también es verdad que su intensidad no da tregua y posiblemente no sea del agrado de todo el mundo. Al menos es una composición muy arriesgada y diferente a todo lo que ha grabado Satch hasta el momento.
13.- 22 Memory lane. Con acordes de guitarra eléctrica y una melodía de piano a la que se le unirá enseguida la guitarra melódica, cambiamos de estilo respecto a la agobiante canción anterior.
Satch nos presenta una balada más en esta ocasión intimista y nostálgica, pero a la vez con un ciertas armonías poperas que la pueden hacer agradable a un público amplio.
No obstante, se agradece que no haya ninguna melodía «super happy flower» por aquí, lo cual habría sido lo habitual en discos anteriores.
14.- Desolation. Cerramos el álbum con la tercera de las creaciones de Eric Caudieux con esta balada aún más intimista que la anterior: únicamente guitarra eléctrica y sintetizador. Muy interesante el hecho de que en las notas sostenidas, Satriani está en todo momento bordeando el acople, pero controlándolo como sólo él sabe.
Intimista, dramática y con un Satriani que, interpretativamente hablando, roza la perfección.
.
CONCLUSIÓN
.
Pues lo cierto es que me hallo muy sorprendido por la calidad de las canciones que conforman este disco. Salvo la inicial «Sahara», que me parece simplona y mediocre, al resto le doy una nota alta o muy alta, incluso a un par que he dicho que me parece que sus ideas no lleguen a nada por no estar bien desarrolladas.
Tanto en el apartado técnico como interpretativo le doy un 10, y ahí no incluyo a Satriani, sino al resto de músicos. Es normal que en una carrera tan larga, por la que han pasado tantos músicos, uno haya confeccionado su particular dream team de acompañantes. Yo mismo echo de menos los tiempos en que acompañaban a Satch el teclista/guitarrista Mike Keneally, el baterista Marco Minnemann y el bajista Allen Whitman, sin embargo, tengo que reconocer que esta banda base formada por Kenny Aronoff, Bryan Beller, Rai Thistlethwayte y Eric Caudieux está sensacional en todo momento, alcanzando la perfección y aportando en todos los temas ideas, juegos e improvisaciones que en discos anteriores no había escuchado. Si tengo que elegir alguno, me quedaría con Aronoff, quien tanto a la batería como a las percusiones, aporta en todo momento virtuosismo, creatividad y una gran riqueza musical.
Pero no sólo están a un gran nivel ellos, sino Satriani también; y no lo digo en el plano guitarrístico (aunque también está superior a su media pero sin llegar a su etapa más mítica pre «Time Machine»), sino en el sentido, y ¡¡atentos, que esto es absoluta NOVEDAD en su carrera en solitario!!, en que en varias de las canciones trabaja picando piedra para la canción como un músico más y no como un solista. «Through a Mother’s Day darkly»,«Doors of perception», «Night scene» o «Desolation» son claros ejemplos de que todos ellos forman un grupo unido y que Joe Satriani da nombre a un grupo y no a un solista —como Bon Jovi, por ejemplo—.
Esto para mi es lo mejor del disco y lo que hace que recomiende su escucha, y me da la sensación que es lo que intentó en «What next», grabando un disco más rockero y menos sofisticado en formato power trio con ni más ni menos que Glenn Hughes y Chad Smith. Pero en su afán por componer y controlar todos los aspectos, no consiguió que sonara a grupo unido y que tengamos que echar mano de sus discos con Chickenfoot para escuchar a un Satriani que no sea el jefe absoluto.
.
.
No obstante, no todo puede ser tan positivo y, en efecto, sería raro que en este medio se publique una crítica de este artista y que no hablemos de lo malo. Y alguien que lleva una trayectoria meteóricamente descendente desde «Strange beautiful music» (sólo interrumpida por «Black swans & Wormhole wizards») es complicado que ahora nos presente una obra maestra sin fisuras.
Y lo negativo lo encuentro en que también por primera vez en su carrera, no encuentro que «The Elephants of Mars» sea un disco unido. Sobre esto pueden haber varios motivos. Uno de ellos, lógicamente, estriba en su duración y número de canciones. Y ya se sabe que a partir del estándar de diez canciones, si lo sobrepasamos, nos encontremos con una o varias sobrantes. ¿No echáis de menos discos como «Van Halen 1», «Masters of reality», «Rumours», e incluso «Not of this Earth» de nuestro protagonista? Y todos ellos se caracterizaban por duraciones de menos de cuarenta minutos y contener entre 8 a 11 canciones. Discos que se oían en un suspiro, podías repetir su escucha sin cansarte y les notabas un comienzo, nudo y desenlace así como un común denominador que unía a todas las canciones.
A día de hoy y desde hace muchos años, eso se perdió con álbumes formados por 18 canciones y apurando la capacidad máxima del CD, 79 minutos de duración.
Aquí tampoco llegamos a esos extremos, porque contamos con poquito más de una hora de duración y 14 canciones, y tan sólo sobraría una canción, que es la floja «Sahara» que a la postre, fue la carta de presentación del disco, pero sí que falta ese hilo conductor y me encuentro con la sensación de que cada canción pertenece a su padre y su madre. Algo similar me ocurrió al escribir en su día la crítica de «Shapeshifting» —link aquí—, al encontrarme allí un bloque unido de unas seis canciones que formarían entre sí un perfecto E.P., y luego el resto de canciones no tan trabajadas. Pero en este caso, lo encuentro mucho más carente de unidad, como digo.
Otro motivo y creo que puede haber sido más culpable en sí de esto que el tema de la duración y número de canciones, es la lista de músicos que están por aquí y la manera de trabajar para este álbum. Como explica Satch en la nota de prensa del comienzo, cada músico grabó en su casa, mandándose a diario audios de WhatsApp y comentarios. Esto ya impediría a Satriani estar encima de todo. La introducción de un músico como es Rai Thistlethwayte, que cada vez que toca una nota de teclado parece que te envía a los 70 justo enfrente de Stevie Wonder, ya aporta una sonoridad curiosa. Eric Caudieux, por su parte, amigo desde hace años de Satriani, trabaja con éste cuando quiere un sonido muy espacial, algo de acorde a la temática que debería tener este disco (y que no consigue al completo), además de haber sido el productor del álbum. Y el dúo Aronoff–Beller es demasiado creativo como para cortarles las alas. Así que el hecho de no tener al «jefe» encima a todas horas, pudo dar lugar a que ellos aportaran más de sí mismos que en ocasiones anteriores así como que Satriani también se volviera jugador de equipo y no solista en varias canciones.
Además, no olvidemos, que Caudieux compone en solitario tres canciones y Ned Evett coescribió una junto al guitarrista.
Encuentro que el álbum transita por varias direcciones, cada una de ellas correcta pero que no terminan de ser muy compatibles entre sí, de ahí lo de que comentaba que cada canción es de su padre y de su madre. Tendríamos primero una línea de rock progresivo experimental compuesta por «The Elephants of Mars», «Sailing the seas of Ganymede» y «Dance of spores», otra muy cinematográfica con «Doors of perception» y «Through a Mother’s Day darkly», otra más metalera con «Sahara» y «Tension and release», otra más electrónica con «Faceless», «Desolation» y «Night scene», y la línea buen rollista satrianesca habitual de «Blue foot grovy», «Pumpin'» y «22 memory lane», quedando suelta «E 104th St NYC 1973″ como única representante del jazz (más o menos) del álbum.
.
Esta quizás sea una de las conclusiones más contradictorias a la hora de criticar un disco, porque por un lado tenemos una colección de canciones diferentes y arriesgadas, algunas más simples pero con su atractivo e incluso las que creo que han sido buenas ideas sin un buen desarrollo, también se salen de la zona de confort habitual en Satriani. Tenemos un grupo de músicos que lo dan todo y más, varios compositores y un productor diferente.
Todo esto ya sería para recomendaros el disco con los ojos cerrados, pero claro, está también el asunto de la ausencia de hilo unificador y la sensación de estar ante cuatro discos diferentes (según las líneas estilísticas del párrafo anterior), con lo que entonces la recomendación no está tan clara.
Creo que el desenlace se va a dirimir según el tipo de oyente que seas. Si perteneces a la «old school» que se recrea el rato que haga falta escuchando un disco al completo, con sus auriculares en la habitación, absorto en él y pasando del resto del mundo, entonces NO es un disco para ti. Si eres más joven y has crecido con el advenimiento del streaming y de la escucha de canciones sueltas en masa, entonces SÍ lo gozarás.
Por mi parte, reconozco encontrarme en el grupo de la «old school» y que me ha resultado un disco fallido por todo lo comentado, pero sí me ha agradado mucho encontrar algo que creía ya perdido en Satriani: CREATIVIDAD y RIESGO. Si además le añado el tener a músicos trabajando como banda y no como mercenarios, algo me dice que el siguiente disco vocal, que permanece inédito, nos va dar una buena sorpresa.
Ojalá esto supongo una línea ascendente en el que ha sido sin duda un pilar de la guitarra eléctrica durante cuatro décadas
.
PD: He obviado toda mención a la calidad de la mezcla y mastering por no alargar más el artículo, ya que Satriani nos tiene acostumbrados a unos estándares de calidad muy altos en este sentido, y eso aquí se cumple a rajatabla.
.

.
TEXTO: Albert Sanz









Deja un comentario