El programa de radio más veterano dedicado a la música de guitarristas y bajistas.

Xperience Live!: Drum Wars (2/11/2.012)

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    Madrid, Bilbao y Barcelona han acogido a comienzos de este mes una gira tan original como interesante. Drum Wars, o lo que es lo mismo, los hermanos Appice, han traído una propuesta que no nos podíamos perder, y que por desgracia puede considerarse de fracaso total en cuanto a asistencia de público (las diferentes crónicas de los tres conciertos así lo atestiguan). Sin embargo, cabe decir que pese a ser un concierto basado en baterías y no en lo que tocamos en este programa (guitarras, bajos y sticks), ha sido el concierto del que servidor más ha disfrutado de los vistos en lo que llevamos de año. Y es que ya de entrada, familias que tengan en su seno a uno o más virtuosos hay muchos ejemplos. Ahí están los hermanos Winter, uno leyenda de la guitarra de blues y el otro multinstrumentista de prestigio. Pero una familia en la que los hijos sean considerados como dos de los mejores bateristas de hard rock y heavy metal de la historia y que uno (Carmine) haya tocado con Vanilla Fudge, Rod Stewart y Pink Floyd y el otro (Vinny) lo haya hecho con Dio, Black Sabbath y Rick Derringer no es algo normal. Sin duda es un caso excepcional en la historia del rock: dos músicos con un nivel similar en el mismo instrumento y el mismo status de leyenda.

    Antes meternos en faena, agradecemos a Rosa de FunHouse Productions la deferencia a la hora de acreditarnos.

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    Si este pasado lunes hablábamos de la poca asistencia al festival Guitar Universe, debemos hacer lo mismo con el concierto de Barcelona. Apenas una veintena de personas a pocos minutos antes de empezar. Misma sala que el mencionado festival, gran acústica y fácil acceso en bus y metro, precio aceptable para estos tiempos, dos leyendas del rock y un repertorio a priori que podría resultar una gran fiesta del rock. Sin embargo, una vez comenzado el concierto, la asistencia debió incrementarse a unas 100-150 personas siendo muy generoso; esto significó que por primera vez en mi vida, fuera capaz de recorrer toda la sala buscando el mejor ángulo para hacer la foto más molona, y que luego no hubiera problemas en volver al mismo lugar a reunirme con el compañero de programa Iván Macías.

    Nada más entrar a la sala, lo que chocaba era ver las dos baterías en el filo del escenario, contraviniendo la lógica de que siendo el instrumento más grande, debe estar atrás del todo para no quitar la visibilidad al resto de músicos. Pues bien, la banda que acompañaba a los dos baterías estaban situados en la parte de atrás sobre una tarima; una tarima, todo sea dicho no muy elevada y que restaba visibilidad al público al tener las dos baterías delante.

    Estos músicos fueron el vocalista Jack Meille de Tygers of Pan Tang, el guitarrista Fabio Cerrone de la banda de Tony Martin (ex Black Sabbath)  y el bajista Don Roxx de la Eric Martin Band, quien sustituyó al publicitado John McCoy, miembro del grupo en solitario de Ian Gillan.

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    El repertorio estuvo basado en solos de batería, sí, pero siendo estos el momento más tostón de cualquier concierto de rock, no cansaron. Al carisma y la simpatía de ambos músicos se unía el alejarse de las estructuras tan vistas y machacadas a la hora de confeccionar los solos. Pese al estilo más rockero de Carmine y el más duro y contundente de Vinny, ambos se complementaron a la perfección y sorprendieron continuamente. No era una competición de ver quien toca más rápido. Así, las demostraciones fueron de todo tipo: solos individuales, solos de uno mientras el otro marcaba un ritmo, solos golpeando únicamente las baquetas entre sí (siendo el mayor de los hermanos aplastantemente superior a su hermano pequeño, el cual se lo tomó bastante a bien), duelo de solos de batería en medio de una canción “normal” de heavy metal, una versión baterística del tema principal de la serie de animación Los Picapiedra y el momento más espectacular: Vinny marcando un ritmo mientras Carmine agarraba una caja, la ponía del revés, y empezaba con una púa a rasgar la bordonera como si fuera una guitarra y con la otra añadía percusión. Aparte de eso, si hay algún batería leyendo este artículo, por favor que me diga porque ambos músicos tocaban con las baquetas del revés (golpeando con la parte gruesa).

    En cuanto a repertorio de canciones, ambos hermanos tocaron al unísono (siendo la precisión de ambos espectacular) en algunas de ellas y en otras solos, llegando incluso a intercambiar sus instrumentos. El repertorio, como dije al principio, no fue la gran fiesta del rock que esperábamos, más que nada porque no variaron mucho de artistas versionados y tampoco es que escucháramos muchas canciones. El repertorio del concierto fue el siguiente:

  1. Intro
  2. Mob rules (Black Sabbath época Ronnie James Dio)
  3. Holy diver (Dio)
  4. We Rock (Dio)
  5. Meet the Flinstones (Hoyt Curtin)
  6. Solo Carmine Appice
  7. Bark at the moon (Ozzy Osbourne)
  8. Do ya think I´m sexy? (Rod Stewart)
  9. Lady evil (Black Sabbath época Ronnie James Dio)
  10. Solo Vinny Appice
  11. Drum wars
  12. Crazy Train (Ozzy Osbourne)
  13. Paranoid (Black Sabbath época Ozzy Osbourne)

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    La banda que acompañaba a los hermanos Appice rayó a gran altura. Fabio Cerrone supo adaptarse bien al estilo de los diferentes guitarristas de las versiones originales, como Tony Iommi, Vivian Cambell, Jake E. Lee, Randy Rhoads o Javier Vargas. Sobre éste último, decir que el solo que versionó Cerrone (el del “Do ya think I’m sexy”) lo hizo llevándolo a terrenos más fusioneros.

    Por su parte, Jack Meille estuvo soberbio a las voces, y más teniendo en cuenta los registros que son necesarios para versionar a Dio con cierta solvencia. Y aún así Meille sorprendió con unas interpretaciones intensas y cargadas de feeling; además fue el único que se “atrevió” a plantarse entre las dos baterías y cantar en varios momentos. Don Roxx por su parte permaneció en segundo plano, pero aún así las características líneas de los temas tocados sonaron de fábula.

    Sobre las canciones escogidas nadie duda de la inmensa calidad que atesoran ni de de su condición de clásicos del rock y el heavy metal, pero con tan amplísimo currículum, sorprende que los Appice se decantaran casi exclusivamente por versionar a Dio y Ozzy. De todas maneras, fue agradable ver que la versión de Rod Stewart en realidad no fue tal, sino que fue versión de la versión aparecida en el reciente álbum de la Vargas Blues Band y que está interpretada por Javier Vargas junto a Paul Shortino y Carmine Appice. Una versión intensa que sorprende por el sonido heavy de Javier Vargas pero también por una voz plana y sin fuerzas de Shortino. Por fortuna ahí estaba Meille para dejar el pabellón bien alto y mejorarla.

    Destacaría también el fabuloso “Crazy train”, sobretodo porque la parte posterior al solo de guitarra, que incluye ese interludio con golpes de batería mientras guitarra y bajo repiten varias veces el riff principal, aquí fue alargado para incluir solos de ambos bateristas, y lo cierto es que quedó de muerte. Y es que incluir solos de batería dentro de canciones no suele ser un recurso habitual.

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    También es justo reconocer el gran trabajo del técnico de sonido. Posiblemente este haya sido uno de los conciertos mejor sonorizados que he escuchado en años. Cuando la batería suele ser la gran perjudicada en conciertos de rock o metal, limitándose por norma general a un brutal bombo y una caja y platos muy difuminados, aquí pudimos escuchar a la perfección todos y cada uno de los elementos de cada batería, y eso que estamos hablando de dos baterías, no de una. Además su disposición dentro del panorama stereo fue espectacular. Si te ibas un poco para atrás del escenario era impresionante el efecto stereo de las dos baterías y el resto de instrumentos. Así da gusto. Sonorizar un concierto de heavy metal no significa subir todos los faders y potenciómetros a tope. Aquí se demostró que una buena ecualización no tiene porque estar reñida con la potencia y un volumen correcto.

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    Para finalizar, comentar las diferencias entre los tres conciertos. En el de Bilbao la banda hizo una broma a Carmine pegándose trozos de cinta adhesiva negra imitando su mostacho. Inclusive el técnico de baterías también lo hizo. Éste mismo también llegó a protagonizar un corto pero intenso duelo de batería contra Vinny. El concierto de Madrid no tuvo bromas sobre bigotes, pero sí la colaboración de Javier Vargas en el tema de Rod Stewart, la presencia entre el público de John Tempesta (The Cult y White Zombie) y una canción más: “Heaven & hell” de quienes ya sabéis. ¿En Barcelona hubo algo diferente? No. O sea, nada de lo sucedido en Bilbao o Madrid. Que nos den.

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    Poco más se puede comentar. No fue la fiesta del rock que esperábamos debido a la poca variedad de bandas versionadas, pero sí fue un concierto intenso y divertido: heavy metal en su máxima expresión. Tuvimos a dos frontmans carismáticos que no tardaron ni dos minutos en salir a firmar y hacerse fotos hasta que la sala quedó vacía, una banda de acompañamiento muy buena, solos de batería amenos, una disposición sobre el escenario atípica y unas versiones geniales. ¿Qué más se puede pedir? Nada más. Oh sí, me olvidaba: que hubiera asistido más público. Pero son las cosas de este país. Luego vendrán Maiden o Metallica a hacer lo mismo que llevan haciendo treinta años por cincuenta eurazos o más y reventarán cualquier estadio. En cambio vienen dos tíos que tienen más currículum que todos los miembros de estas dos formaciones mencionadas juntos y van poco más de cien personas por sala y ciudad. Ver para creer.

    De todas formas, gracias a FunHouse Productions por haber creído en esta propuesta y habernos traído a Drum Wars a España. Los que estuvimos lo disfrutamos. Los que no fueron eso que se pierden.

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    Como siempre, os dejamos con los videotubes de rigor y más fotos del evento.

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TEXTO Y FOTOS: Albert Sanz. 

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2 comentarios »

  1. No es descorazonador cuando una sala està medio vacía? Es una sensación doblemente agridulce: no hay ambiente y puedes ver en las caras de los músicos la frustración y abatimiento. Prefiero que un concierto sea malo y esté lleno que al revés.
    Si no tuviera que pegarme una panzada de conducir por la noche, iría a la mayoría de los conciertos que comentas.
    Un diez por estos dos monstruos!!!

    • Guitar Universe (Marty Friedman & CO) sí estuvo medio vacía. Drum Wars apenas hubieron un poco más de centenar de personas. Tú has estado en Salamandra 1 (JS Soto) pues imagínate esa sala con 125 personas. Y encima la peña desperdigada por toda la sala, que si al menos se hubieran apiñado delante para hacer bulto…

      De todas maneras, no sé si fue profesionalidad o qué, pero la banda pareció pasárselo de muerte y disfrutarlo, igual que el público.

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