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Crítica: Lars Eric Mattsson “Aurora Borealis. Concerto for Orchestra & Electric Guitar”

  • Artista:  Lars Eric Mattsson
  • Sello:     Lion Music
  • Año:       2.011
  • Estilo:    Heavy metal neoclásico y música clásica

CALIFICACIÓN TÉCNICA

  • Nivel de técnica: 9/10
  • Velocidad: 7/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 8/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: 0/-10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 6,5/10
  • Calidad presentación (carátula, libreto, etc…): 8/10
  • PUNTUACIÓN: 8/10

CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 10/10
  • Nivel de feeling: 8/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 10/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 7/10
  • PUNTUACIÓN: 8,75/10

PUNTUACIÓN TOTAL: 8,4/10

    ¡Dios mío, por fin encuentro un disco de heavy metal neoclásico que ha llegado a emocionarme! Y sí, es cierto que es un estilo que detesto, pero que no por ello dejo de escuchar (es lo que tiene hacer un programa de radio de estas características). Así que toparme con un trabajo que sino fuera por ciertos detalles de producción (que comentaré luego) tendría que calificar de OBRA MAESTRA, ha sido una grata e inesperada sorpresa. Con todos vosotros, recién sacado hace cinco días escasos del horno de Lion Music (thanks Lasse!), “Aurora Borealis. Concerto for Orchestra & Electric Guitar” de Lars Eric Mattsson.

    Aunque no sea ni ético ni siga la linea habitual de la web, voy a iniciar el análisis de este disco haciendo un copy/paste del fragmento con el que iniciábamos en su día la crítica del “Last desire” de los italianos MasterCastle.

   “Por norma general, detesto el género del heavy metal neoclásico y su vertiente más comercial y no tan virtuosa: el power metal. Si bien, la idea de combinar la pasión y la fuerza del heavy metal de toda la vida con la complejidad armónica de la música clásica debiera ser una combinación ganadora, los escasos conocimientos de los que hacen gala los músicos de heavy metal respecto a la complejidad del clásico logran que esta mezcla sea de todo menos excitante. Sí, la parte técnica la dominan todos los que se han atrevido a estudiar las obras que pueden tocarse a púa o a tapping, ya sea el célebre moscardón de Rimski-Kórsakov o los caprichos de Paganini. Pero la parte técnica -sin restarle mérito- no es más que echarle horas ante un metrónomo repitiendo las notas como un loro. La composición es otra cosa. A ver, ¿qué músico de heavy metal neoclásico ha compuesto algo que se parezca remotamente a Bach, Mozart o Beethoven? ¿Nikolo Kotzev con su obra conceptual “Nostradamus”? Y eso teniendo en cuenta que estaríamos hablando de una ópera rock, lo cual es otro estilo. Tendríamos que remontarnos a los comienzos del género para escuchar las primerizas composiciones de Cacophony, Yngwie Malmsteen, Helloween, Vinnie Moore o Tony McAlpine para llegar a encontrarnos con un nivel elevado (y aún así, siempre estariamos hablando de un Bach o un Mozart en horas bajas).

    Más allá de eso, ni los 90 ni el nuevo siglo han parido una obra de heavy neoclásico que merezca hacer gala de su nombre (por favor, que nadie mencione el concierto para orquesta de Malmsteen, consistente en un karaoke con orquesta elaborado a partir de un refrito de riffs antiguos propios). Y sin embargo resulta curioso que los músicos del estilo no hayan querido estrujarse los sesos estudiando y analizando las secretos de la música clásica, mientras que los metaleros y rockeros que han decidido ir por la via del “otro gran estilo culto y complejo” como es el jazz, han conseguido un notable avance tanto técnico como armónico de la guitarra, en los subgéneros del metal progresivo, el rock sinfónico o el jazz fusión (y hasta logrando crear alguna insólita y espectacular combinación como es el death jazz metal técnico). Aunque desgraciadamente, la repetición de esquemas y clichés empieza a estar a la orden del día para estos estilos también. Pero eso ya es otra historia.

Toda esta introducción viene dada, porque el metal neoclásico y el power metal (su vertiente más orientada a las voces y a unas melodias épicas de fácil digestión) suelen repetir esquemas hasta gritar basta, demostrando el poco interés de los músicos en innovar y el gran interés que tienen en tocar los sweep pickings a velocidades ultrasónicas, y la poca exigencia por parte de la audiencia (algo que por desgracia es común a cualquier estilo musical o cinematográfico). Es por ello, que cuando nos topamos con un disco como el que vamos a analizar, que suena fresco, excitante, potente, elaborado, poco previsible y con una pizquita de originalidad, es como encontrar un oasis en medio del desierto de la mediocridad y la desgana.”

    Dado que este trabajo es mucho más neoclásico que el de los italianos -más enfocado a un power metal de fácil consumo-, el miedo antes de escucharlo era grande, pero más grande aún fue la sorpresa de encontrarnos ante uno de los mejores trabajos de los últimos años en ese género. De ahí que la introducción antes citada viniera como anillo al dedo para comenzar este artículo.

    Lars Eric Mattsson es un veterano rockero finlandés, descubierto a finales de los 80 por el mecenas del guitarreo Mike Varney y que ha consagrado su vida al estudio del metal neoclásico en todas sus variantes. Pese a que sus comienzos fueron en los 80 con su propia banda Mattsson, no tuvo problemas en enrolarse en la virtuosa banda de hard rock y A.O.R. Vision -un combo con un sonido netamente americano y muy del gusto de la factoría Varney-, y ha sido a partir del nuevo siglo cuando se ha hecho con un enorme prestigio entre los apasionados al power metal y el neoclásico con los discos grabados junto a Book of Reflections y Mattsson. E incluso trató de abrirse camino entre otros aficionados con la banda de prog & gothic metal Condition Red (estilo que también retomaría en algún momento con Mattsson).

    Lars ha editado este mismo año, a través del sello Lion Music un trabajo enorme y arriesgado. Un trabajo, por cierto, compuesto, grabado, mezclado y masterizado por el mismo artista, lo cual resulta curioso puesto que el álbum suena profesional y perfecto en casi todos sus aspectos. “Aurora Borealis. Concerto for Orchestra & Electric Guitar” es un álbum de metal neoclásico enteramente instrumental con un 50 % de orquesta. Los solos de guitarra, pese a ser de un enorme virtuosismo, no están metidos con calzador y, cosa curiosa, no abusa de la velocidad, cuando tocar pasajes a altas velocidades es una de las señas de identidad de este subgénero musical. De hecho, lo más contradictorio y agradable del asunto es el propio estilo del guitarrista. Su lenguaje es neoclásico, por tanto la utilización de la escala menor a lo Malmsteen es constante, pero el uso y abuso de la palanca de vibrato, los tappings y el propio sonido de sus guitarras y pedales, le otorgan un aire muy diferente. De hecho, escuchando el disco, no podía dejar de pensar en que sonaba a Mattias “IA” Eklundh grabando un disco neoclásico. Algo raro pero que le da un aire muy original al disco.

    Musicalmente, también es un disco atípico. Los elementos de música clásica son tan numerosos que a menudo eclipsan a la parte rockera. La parte orquestal es en verdad compleja y elaborada, mucho más que lo mostrado por otros guitarristas más famosos (y no nombro a ningún guitarrista sueco afincado en USA), y denota los profundos conocimientos respecto a composición clásica. La parte negativa estriba en la propia producción del disco, por lo cual se le ha dado una puntuación tan baja en ese apartado. El disco suena perfecto, limpio, lleno de matices y muy potente, con un equilibrio en la mezcla envidiable, pero concretamente, el fallo está en los sonidos orquestales. Según la ficha, los músicos han sido el propio Mattsson a las guitarras y bajos, Eddie Sledgehammer a la batería y la orquesta The Astral Orchestra. Y aquí viene el problema. Por más información que he buscado, no he encontrado nada sobre dicha orquesta, y a tenor de lo oído, suena más a sampler que otra cosa. Esto no debería ser malo. Hoy en día existen bibliotecas enteras de sonidos grabados con las más prestigiosas filarmónicas, y en manos de un buen compositor, riffs y melodías compuestas con samplers son imposibles de distinguir de una grabación real. No digo que los samplers usados esta vez no sean de calidad ya que algunos de ellos son 100 % reales, pero en otros se nota cierta artificialidad (por supuesto, nada que ver con sonidos MIDI generados por ordenador como sonaban hace quince años). Todo es de gran calidad, pero lo dicho, a veces estas escuchando una majestuosa línea de violín sobre la que entran unas flautas que quedan falsas. Obviamente, es mucho más barato grabar con samplers que no con una orquesta sinfónica de verdad, pero soy de la opinión de que o lo haces todo al máximo nivel o no lo haces. Y en este apartado el disco parece haberse quedado a medias.

    Respecto a los temas en sí, esta vez no haremos una crítica tema por tema. No tiene mucho sentido dada la homogeneidad del disco. Todos ellos forman parte de un todo compacto. Hacia tiempo que no me encontraba ante un trabajo tan homogéneo como he dicho, en el que ningún tema sobra ni ninguno destaca sobre los otros. Doce canciones forman el disco y por nombrar algunas, destacaría el potente inicio “Rising”, con unas guitarras muy a lo Mattias “IA” Eklundh,la divertida y barroca “Bounce”, en la que los samplers orquestales son esta vez absolutamente reales, la dramática balada “Cold water spirit”, con un Mattsson en estado de gracia, tocando con un lirismo casi inconcebible en guitarristas del estilo, “Planetary strength”, en la que pese a la “falsedad” de las muestras usadas para la parte clásica, contiene el derroche de técnica más virtuoso del batería Eddie Sledgehammer, en una compleja estructura de metal progresivo, o “Midnight sun”, con unas melodías orientales combinadas con más toques progresivos.

    Resumiendo, este “Aurora Borealis. Concerto for Orchestra & Electric Guitar” es un disco recomendable tanto para fans del neoclásico, que por fin podrán escuchar un disco que haga honor a ese pseudónimo y en el que la parte sinfónica no sea una excusa para tocar solos sin parar, como para fans del heavy metal que aunque aborrezcan de los discos de virtuosos, se atrevan a escuchar algo diferente.

    Por mi parte, ya tengo grabado a fuego el nombre de Lars Eric Mattsson como uno de los mejores guitarristas y compositores del momento. Y vosotros, ¿que opináis?

PD: Dada la novedad (salió el día 15 a la venta), no hemos podido encontrar ningún video de YouTube que ilustre el disco, por tanto hemos hecho una selección de otros trabajos del finlandés para que os hagáis una idea de su estilo. Aunque aviso que no tienen mucho que ver con la compejidad, lirismo y musicalidad que posee el disco que nos ocupa.

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3 comentarios »

  1. Definitivamente escuchare el disco, personalmente me facina la musica academica y el metal sinfonico sin duda de los generos del rock que mas me agrada, eh escuchado a Malmsteen y creo a sido uno de los principales precursores del tema; sin embargo me gusta aventurarme y por los comentarios expuestos el trabajo de Mattsson promete, honestamente no eh escuchado nada de el, una vez encuentre el disco comentare un poco a cerca de como me a parecido. Saludos.

  2. Definitivamente, un excelente disco a mi parecer aunque como bien se menciona se escucha el sampleo de algunos instrumentos de cuerdas y no es tan agradable, es muy quimico el sonido, algo que también encontre falta definitivamente el metal, pero me agrado, es bastante limpio en sus fraseos. saludos.

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