Xperience Live!: Eric Sardinas & Big Motor (20/10/2.016)

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La banda norteamericana ha vuelto por enésima vez a Barcelona, presentando su último trabajo, “Boomerang”.

El concierto se caracterizó por una baja afluencia de público y un Eric Sardinas al 50%.

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eric-sardinas-big-motor-barcelona-2016-03   2.015 fue la última vez que el público barcelonés vio al intenso guitarrista texano, en un concierto de lo más olvidable, con continuos problemas técnicos provocados en parte por un Sardinas que no tuvo el día, y un personal de la sala que hizo caso omiso a dichos problemas técnicos. Ya en su momento califiqué a aquel concierto en su respectiva crónica como el peor al que había asistido en años. Pero Sardinas ha demostrado a lo largo de su carrera ser uno de los guitarristas más intensos, eléctricos y potentes sobre un escenario. Blues tradicional con alma de heavy metal. Así que si nos visita de nuevo, era obligado asistir, tanto representando a Guitar Xperience como fan —que ya he perdido la cuenta de las veces que lo he visto—, y más si ya realizó una gira a comienzos de este 2.016 que por vez primera, no contempló a Barcelona como una de sus paradas.

    La cita en esta ocasión fue en la sala Bóveda, antiguamente conocida como Mephisto y uno de los históricos templos de rock y metal en Barcelona. Y lo cierto es que también se trata de una situación extraña, porque tras darse a conocer acompañando a Steve Vai, sus conciertos en esta ciudad fueron en ascenso, desde tocar en una discoteca cinco días seguidos con llenos casi totales —disculpad, pero no consigo recordar el nombre de dicha discoteca— hasta hacerlo en una sala Bikini casi abarrotada; pero de un tiempo a esta parte ha ido menguando la asistencia a sus conciertos, pasando de la pequeña sala de Apolo a esta Bóveda, aún más pequeña y que se llenó menos de la mitad, debiendo de haber unas cien personas como máximo.
Ojo, que hablo de Barcelona, no del resto de ciudades que habitualmente acogen sus directos. Y no es menos cierto que Barcelona, crisis económica y el gran número de veces que ha venido aparte, cada año que pasa es más impredecible a la hora de llenar o no salas de conciertos; por lo tanto, es posible que la culpa no sea del mismo Sardinas.

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    Centrándonos ya en el evento, la banda venía a presentar “Boomerang”, publicado en 2.015, y como he dicho, al haber habido tantos problemas en su visita de ese año —finalizando el concierto antes de tiempo— y no habernos visitado a comienzos de este, a casi todos los efectos seguía siendo inédito para el público barcelonés.
A pesar de que la foto promocional fue la misma por parte de la promotora que en aquel concierto —y que es la que ilustra este artículo—, en esta ocasión e igual que en aquella, no estuvo Bryan Keeling a la batería, sino Demi Lee Solorio, y en el apartado de bajo, tampoco el hasta ahora habitual Levell Price, sino Paul Loranger.

 

eric-sardinas-big-motor-barcelona-2016-01    Como siempre, Eric Sardinas comenzó a escupir notas con sonido metálico a través de su maltratado dobro con slide, vestido con ese look setentero y acompañado de un espectacular peinado en trenzas a lo Bo Derek (miedo me da imaginar las horas que tiene que haber pasado en la peluquería para dejarle la melena así). Pronto se les unió Solorio y Loranger, en un recorrido de hora y media escasa por el blues más tradicional del Delta aderezado con rock and roll.
“I’m worried” fue el tema seleccionado para comenzar, al que siguió una versión de Otis Spann“I’m in love with you, baby”.

    Con esos dos temas ya fue más que suficiente para ver que algo pasaba. No fue tan grave como la vez anterior: el sonido perfecto a partir del segundo tema, no habían problemas técnicos, Solorio y Loranger estaban tímidos al principio para irse creciendo a medida que avanzaba el concierto… pero Sardinas tocaba al 50%. Si donde antes tocaba diez notas, ahora eran cinco. Si donde antes mostraba una poderosa voz, ahora lo hacía desganado. Si se le compara su faceta técnica con la anterior visita, no hubo errores al tocar, ni torpeza en sus manos, es cierto, pero era como estar ante una versión ralentizada y desganada del otrora guitarrista más heavy que ha parido el blues en toda su historia. Una falta de intensidad y pasión de lo más preocupante en alguien que hacía de esas dos características su santo y seña.
Situación preocupante que no se solventó hasta el final del concierto, cuando tocó un rock and roll con 0% de blues que ni tan siquiera era suyo, sino de los míticos The Doors, y en el que sí que mostró que el Sardinas que admiramos sigue ahí, pero que por alguna razón estuvo escondido a lo largo de toda la velada.

    El concierto siguió con otro clásico suyo, “I can’t be satisfied”, acompañada de una nueva composición inédita y aún sin nombre y que me gustó bastante por incluir un largo interludio instrumental sin apenas solos, pero creando un ambiente sureño a base de acordes y arpegios de lo más interesante. Una composición que imagino irá incluida en su próximo L.P. y que llamará la atención.

    Tras esa novedad, paso a la diversión con una versión extendida del “Get down to whiskey”, que pese a sonar desangelada por la actitud de Sardinas, pudo salvarla Loranger tocando su primer solo de la noche al bajo y por la complicidad del público que coreaba el marchoso estribillo. El bajista volvería a tener protagonismo al interpretar a continuación otro solo de bajo, que fue seguido por uno de batería algo repetitivo pero muy potente.

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     Sardinas volvió al escenario y la banda atacó con la genial y muy bluesera “Back door man”, versión del gran Willie Dixon, para proseguir con “If you don’t love me”, “Bad boys blues” y la hard rockera “Flame of love”.

    El concierto acabaría con más versiones, y muy sorprendentes en este caso, ya que el guitarrista quiso homenajear a The Doors. Comenzó interpretando la intro de la psicodélica balada “Indian summer”, pero al terminarla, hicieron un inesperado cambio a la rockandollera y tremenda “Roadhouse blues”, en un final lleno de fuerza y con Sardinas dándolo todo al 100%, y que en cuanto finalizó la última nota, dejó la guitarra en el suelo y sin esperar a los aplausos, saltó del escenario y se unió al público entre abrazos, saludos, fotos y autógrafos. Al menos esta faceta de su personalidad, la de músico agradecido que le gusta estar en contacto con sus seguidores, no la ha perdido.

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   Agridulce sabor de boca el que dejó este concierto. Como parte buena estuvo el set-list, algo breve pero con algunas versiones excelentes, un Paul Loranger que sin tener el nivel técnico de Levell Price se ganó la simpatía de los asistentes, un sonido bastante correcto y un público escaso pero entregado desde el primer segundo.
En contra, pues el mínimo poder de convocatoria que tuvo este concierto y ver a un Sardinas apagado y al 50%, que sólo dio el máximo rendimiento a la guitarra y a la voz en el último tema.

    Confiamos en que la próxima vez (que la habrá, seguro), venga a tope de energía como siempre le hemos visto, y nos deleite con su potente voz, su virtuosismo al slide y su contagiosa electricidad.

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TEXTO Y FOTOS: Albert Sanz

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