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Crítica: Sons of Apollo “Psychotic symphony”

SOA - Psychotic symphony CD Cover
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FICHA

  • Artista: Sons of Apollo
  • Sello:     Inside Out / Sony Music
  • Año:       2.017
  • Estilo:    Metal progresivo, metal alternativo, heavy metal, heavy metal neoclásico, rock progresivo, stone rock, shred

CALIFICACIÓN

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CALIFICACIÓN TÉCNICA

  • Nivel de técnica: 9,5/10
  • Velocidad: 9/10
  • Variedad de fraseo, recursos y técnicas: 10/10
  • Nivel de coñazo virtuosístico: 0/-10
  • Calidad producción (equilibrio en la mezcla, masterización, etc.): 9/10
  • Calidad presentación (carátula, etc…): 7/10
  • PUNTUACIÓN: 9,1/10

CALIFICACIÓN MUSICAL

  • Calidad musical: 8,5/10
  • Nivel de feeling: 8/10
  • Posibilidad de escucharlo de un tirón: 8/10
  • Ganas de hacer “headbanging”: 10/10
  • PUNTUACIÓN: 8,6/10
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PUNTUACIÓN TOTAL: 8,85/10

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INTRODUCCIÓN

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     En marzo y agosto del año pasado publicamos sendas noticias respecto a los rumores y posterior confirmación del nacimiento del supergrupo denominado Sons of Apollo —podéis leerlas en este enlace y en este otro—.

     Para que a una formación musical se le otorgue el status de supergrupo significa que debe estar formado por músicos famosos y/o prestigiosos. En este caso teníamos como fundadores e ideólogos del proyecto a dos viejos amigos: el teclista Derek Sherinian y el baterista Mike Portnoy —ambos compañeros en Dream Theater—, más el cantante Jeff Scott Soto y el bajista Billy Sheehan. Y a cargo de las seis cuerdas, quizás el miembro menos conocido: Ron “Bumblefoot” Thal, uno de los shredders más innovadores del pasado siglo y que saltó del nicho de guitar freaks al mundo mainstream de golpe, al ser reclutado por Axl Rose para los renacidos Guns N’ Roses.

    De esta conjunción de talentos surgió “Psychotic symphony”, su álbum debut. Y teniendo en cuenta que a finales de este mes estarán visitando el Be Prog! My Friend barcelonés, en la que será su única cita española en este año, aprovechamos para publicar esta crítica.

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Sons of Apollo.jpg

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ANÁLISIS DE LAS CANCIONES

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1.- God of the sun. Comenzamos con toda una declaración de intenciones: once minutos de duración y la canción más larga del disco. Tras una intro con sonoridades orientales, en la que toma protagonismo la enloquecida guitarra de Thal, pasamos a un riff que fusiona heavy metal con ese toque oriental y a la que entra la voz de Soto, la mezcla de estilos nos lleva a recordar al primer disco de Yngwie Malmsteen, en el que colaboró el vocalista.
Tras una parte central más pausada con solo de Sherinian, el grupo se pone en modo progresivo, muy progresivo, algo que hasta el momento no habíamos escuchado. Cambios de ritmo, complejidad instrumental, sonidos agresivos y la vuelta de la parte más neoclásica con Soto, logran finalizar una excelente composición.

2.- Coming home. Primer single del disco y una composición que si bien tiene sus elementos progresivos, es más amena de escuchar que la anterior. La mezcla de metal alternativo, un sonido de bajo grueso y muy presente en la mezcla, estribillo pegadizo pero con fuerza, los coros de Portnoy y un solo impresionante de Bumblefoot, logran que nos encontremos ante un perfecto single de presentación y además uno de los mejores cortes del álbum.

3.- Signs of the time. Comenzamos con un muy agresivo riff que puede recordar a bandas como Pantera o los propios de S·O·T·O del vocalista y que retumba en nuestros oídos. Pese a que éste nunca se ha movido en terrenos tan agresivos —a excepción de su última banda mencionada—, sabe dotar a su voz de la agresividad necesaria.
La canción incorpora unos estribillos melódicos pero sin perder esa fuerza y metalera y se va mezclando con algunos pasajes en los que Sherinian y Thal demuestran su pericia técnica, mientras la base de Sheehan y Portnoy sigue aportando contundencia.
Quizás pueda chocar el pasaje solista de Thal, tocado sobre una relajada base de jazz y rock progresivo magistralmente ejecutada por unos Sheehan y Portnoy que parecen complementarse de maravilla, sobre la que el guitarrista acaba lanzando toda su pirotecnia.

4.- Labyrinth. Un riff de cuerdas sampleadas permiten a Soto cantar una melodía vocal que apunta a ser intensa. A las cuerdas se añade un misterioso teclado y toda la introducción da la sensación de ser de lo más cinematográfica.
Cuando entra el grupo al completo vemos que el tema se mueve en un medio tempo de metal alternativo moderno y pese a que la parte vocal no muestra ningún exceso instrumental, después cambiamos a un largo pasaje que llegará hasta el final y que siendo muy progresivo, remite directamente a Dream Theater; una influencia que sorprendentemente no había aparecido todavía, y en la que todos los músicos demuestran su nivelazo estratosférico sin abusar de los solos (hablando de solos, quisiera destacar el breve pero muy purpleriano solo de teclado).
Si habría que ponerle una pega, sería al extraño cambio de base durante el solo de Thal, en la que por unos momentos nos vamos a terrenos neoclásicos y que no parece acabar de encajar en una composición larga, muy progresiva y oscura.

5.- Alive. Llegamos al ecuador del disco con la primera balada. El progresivo desaparece para entregarnos una canción de rock alternativo dramática y oscura, perfecta para el lucimiento del vocalista, con un estribillo de lo más coreable.
Portnoy se luce nuevamente con sus aportaciones coristas y esa forma suya tan particular de incorporar rellenos y variaciones en una línea de batería que cualquier otro músico la habría tocado sencilla y plana.
La parte central —con solo de Sherinian— es más contundente pero a continuación cambia a un pasaje muy relajado con el Bumblefoot más bluesero del álbum.

6.- Lost in oblivion. Poco más de cuatro minutos es lo que necesita el grupo para traernos la composición más metalera y agresiva de este trabajo, con un Soto que se aleja de su lirismo habitual para cantar de forma agresiva como demanda la composición, inclusive en los estribillos más melódicos.
Pese a que la canción satisfará tanto a los amantes de la música contundente como a los del metal progresivo más técnico, da una sensación de déjà vu constante, como si fuera un refrito de ideas y riffs escuchados en las cinco canciones anteriores.

7.- Figaro’s whore. Sherinian se luce en este solo de teclado de apenas un minuto de duración; un tanto extraño por su sonido y por parecer una mezcla de flamenco con Deep Purple y que finaliza de manera alocada.

8.- Divine addiction. El solo anterior sirve como introducción a esta composición, en la que rinden homenaje claro a Deep Purple y Rainbow. Un tema oscuro, con sonido moderno pero un ambiente que remite a grandes clásicos de esas dos bandas, como “Perfect strangers”. Incluso un en ocasiones excesivo Ron Thal, se muestra muy comedido en su solo de guitarra, mostrando un sonido de guitarra muy añejo.

9.- Opus Maximus. Último corte del disco, instrumental y que consiste en más de diez minutos de delirio progresivo.
La intro comienza oscura, lenta y pesada, con ecos de stone rock, para dar paso a un bajo y guitarra potentes y posteriormente, a la batería de Portnoy.
La canción alterna pasajes en los que teclado y bajo crean un ambiente misterioso y sirven a Portnoy para crear el ritmo más complejo que ha tocado en todo el disco, con otros muy melódicos, relajantes y de gran belleza, en una clara onda a Dream Theater.
Bumblefoot también tiene oportunidad de lucirse en un par de solos de jazz experimental que recuerdan a Allan Holdsworth y en otro, más de metal clásico, en el que acompañado de Sherinian, toca unos arpegios a velocidades de vértigo.
Sheehan también tiene sus momentos de lucimiento, en ese estilo “rítmico solista” que le caracteriza, complementándose al 200% con Portnoy.
Espectacular fin de disco.

Sons of Apollo 02.png

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CONCLUSIÓN

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    La verdad es que este “Psychotic symphony” ha sido toda una sorpresa. Muchos esperábamos que con Sherinian y Portnoy al frente la influencia de Dream Theater estuviera muy presente, pero no ha sido así. Sí que es cierto que algo de ello hay, al igual que de Symphony X y las nuevas tendencias en el metal progresivo moderno, pero no son demasiadas ni molestan. Por otra parte y aunque esto es difícil en músicos con un estilo tan marcado y que han colaborado muchas veces entre sí (creo que no hace falta recordar los años que llevan juntos Mike Portnoy y Billy Sheehan en The Winery Dogs), SOA tiene su propio sonido. Opino que esto viene dado por la inclusión de Ron Thal y Jeff Scott Soto. Éste último se ha movido toda su vida en terrenos muy melódicos, de hard rock y A.O.R., con alguna escapada al neoclásico de Malmsteen, al heavy más clásico en su carrera en solitario o al metal alternativo más moderno con S·O·T·O, pero hasta ahora no lo habíamos visto en esta tesitura. Y lo cierto es que él ha seguido aportando su vena más melódica, porque algo muy característico de este trabajo es cómo los pasajes instrumentales suelen ser muy progresivos pero cuando le toca cantar, la canción se va a su terreno, derivando con total fluidez hacía un metal más melódico. Es algo que me ha sorprendido porque no queda forzado en ningún momento.
Por su parte, Ron Thal ha aportado mucho al sonido del grupo. Cuando es común encontrarse que en el metal progresivo actual muchos de los guitarristas solistas son un calco de John Petrucci y Michael Romeo, Bumblefoot tiene un sello muy personal, fruto de una hipertécnica, una manera propia de crear patrones guitarrísticos inusuales y el no menos inusual uso de guitarra fretless en contextos metaleros tanto rítmicos como solistas.
Creo, además, que el guitarrista es quien ha salido mejor parado en el disco, en el sentido de proyección publicitaria. Es cierto que ya tenía un nombre entre los aficionados al shred de comienzos de los 90, pero de algún modo siempre se quedó en una especie de segunda división, en parte debido a que no ha mantenido una carrera muy regular. Su salto al mundo mainstream con Guns N’ Roses sirvió para que muchos investigaran lo que había hecho antes, pero muchos otros seguidores que no lo hicieron se quedaron con una imagen muy parcial de su técnica, estilo y talento, ya que, si bien todos los hachas que han pasado por GN’R han tenido su cuota de improvisación y lucimiento, tenían que ceñirse al hard y sleazy rock marcado a fuego de la mítica banda angelina. De algún modo, su fichaje le sirvió a modo de proyección mediática tremenda, pero no todo el mundo llegó a conocerlo a fondo. Con Sons of Apollo la cosa ha cambiado porque sigue en una banda de primera división y ha tenido oportunidad de lucirse a todos los niveles.

    Respecto al dúo rítmico SheehanPortnoy, es notable la gran compenetración que tienen ambos. Es cierto que he echado a faltar solos de bajo, máxime cuando lo hace hacer en bandas en las que no éstos no encajan tanto y aquí que sí lo harían, no lo hace. Pero también es verdad que su reconocido estilo “rítmico-solista” está presente en casi todos los temas del disco. Y sobre Portnoy, poco hay que mencionar, salvo que parece increíble que haya alguien dotado de tales capacidades técnicas y que sea capaz de no sonar como un robot, haciendo de cada canción una masterclass de expresividad a la batería.

    El último miembro del que hablaré, Derek Sherinian, también es para darle de comer aparte. Si bien es cofundador del grupo y autor de gran parte de las ideas del disco, ha crecido mucho en los últimos años como músico, sabiendo cuando intervenir y cuando callar. La experiencia con Black Country Communion es algo contrastado, ya que en aquellas grabaciones podíamos escuchar y sentir cómo sus aportes, pequeños o grandes, siempre engrandecían los temas, al igual que pasa aquí.

    En definitiva, gran disco y gran banda. Una banda calificada como supergrupo pero que ha conseguido algo muy complejo: que reconozcamos los célebres estilos de cada uno de sus miembros pero la mezcla dé lugar a un sonido único y no a cinco personalidades independientes luchando entre sí.

    Ojalá tenga más continuidad, pero este es siempre la parte negativa de los supergrupos. Cuando el año pasado lanzaron primera nota de prensa, afirmaron con total contundencia que esto era un grupo a tiempo completo para todos ellos. El caso es que aquella rotunda afirmación era del todo falsa: Sheehan estaba en aquel momento de gira mundial con Mr. Big y menos de un mes después presentó en sociedad a The Fall —puedes leer la noticia aquí—, un grupo de rock alternativo que no ha tenido demasiada repercusión—, Jeff Scott Soto trabajaba en un nuevo disco en solitario, Portnoy tenía conciertos pendientes con su proyecto Mike Portnoy’s Shattered Fortress, Sherinian había vuelto a unos reactivados Black Country Communion y a Thal se le situaba de nuevo en la órbita de “la reunión que nunca fue” de los GN’R originales.
Por tanto, es complicado que un supergrupo con músicos tan ocupados tenga continuidad.

    Ojalá me equivoque, pero por si acaso, os recomendaría encarecidamente que hagáis un viajecito a final de mes a Barcelona, ya que SOA actuarán en el marco del Be Prog! My Friend en la que será la única cita española confirmada para este 2.018, y donde podremo escuchar tan impresionante trabajo.

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Be Prog! My Friend 2018 def horizontal

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TEXTO: Albert Sanz

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